En medio de un verano sofocante con temperaturas que superan los 30 grados, muchos porteños y bonaerenses buscan refugio en las aguas del Río de la Plata como alternativa económica a la Costa Atlántica o piletas privadas. Sin embargo, un impactante estudio del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata advierte sobre los serios riesgos para la salud derivados de la contaminación cloacal en playas como las de Berisso, convirtiéndolas en una verdadera "bomba sanitaria".
El informe, elaborado por investigadores del CONICET en colaboración con la Universidad Nacional de La Plata, analiza el deficiente sistema cloacal que recibe desechos domiciliarios de La Plata, Berisso y Ensenada. Estos efluentes se descargan directamente en las playas de la región sin un tratamiento adecuado, generando un impacto sanitario y ambiental alarmante. Según los datos recolectados, las playas de Berisso registran niveles de contaminación fecal hasta 3.500 veces superiores a los límites establecidos por la normativa vigente, un hallazgo que pone en jaque la seguridad de miles de bañistas que acuden a estas costas en busca de alivio al calor.
Pero el peligro no se limita al agua: la arena actúa como un reservorio de bacterias y parásitos, incrementando los riesgos incluso para quienes solo caminan o descansan en la playa. La planta de tratamiento de efluentes de ABSA en Berisso recibe alrededor de 13.000 metros cúbicos por hora de líquidos cloacales, pero su capacidad operativa solo alcanza los 5.000 metros cúbicos por hora. El excedente se vierte sin procesamiento suficiente directamente al Río de la Plata, agravando la crisis.
A pesar de la gravedad de estos hallazgos, la zona carece de señalización visible que alerte a los visitantes sobre los riesgos sanitarios. En cambio, se promueven acciones turísticas para atraer a más personas, mientras servicios de guardavidas operan en las playas, enfocados principalmente en prevenir ahogamientos. Esta falsa sensación de seguridad ignora el verdadero enemigo: la contaminación del agua y sus potenciales consecuencias para la salud, como infecciones bacterianas o parasitarias.
Las enfermedades que se pueden contraer por ingestión accidental de agua, contacto con la piel, ojos o heridas, o incluso al caminar en la arena contaminada incluyen:
- Diarrea aguda y severa, a menudo acuosa o con sangre, causada por E. coli patogénica, norovirus, Cryptosporidium o Giardia.
- Gastroenteritis con vómitos, náuseas, calambres abdominales y fiebre.
- Infecciones de piel (dermatitis), ojos (conjuntivitis) y oídos (otitis), frecuentes por exposición prolongada.
- Salmonelosis y shigelosis, que provocan fiebre alta, diarrea sanguinolenta y deshidratación.
- Infecciones respiratorias leves a moderadas en algunos casos de aspiración de agua contaminada.
Estos riesgos son mayores en niños, adultos mayores y personas con defensas bajas, y pueden derivar en complicaciones graves como deshidratación severa o infecciones sistémicas. A pesar de la evidencia científica, persiste la ausencia de señalización clara de peligro, mientras se promueve el turismo y operan guardavidas enfocados solo en ahogamientos, generando una falsa sensación de seguridad.
Los especialistas del CONICET insisten en la necesidad de difundir esta información para generar conciencia. Mientras las autoridades impulsan el turismo en la región, el estudio subraya que el principal riesgo no es el de inmersión, sino el de exposición a patógenos que convierten un día de playa en un potencial desastre sanitario. Este panorama exige una revisión urgente de las infraestructuras cloacales y medidas preventivas para proteger a la población.