En un esfuerzo conjunto que podría marcar un antes y un después en la conservación ambiental de América Latina, el gobierno panameño y organizaciones no gubernamentales avanzan en la expansión del humedal Ramsar Punta Patiño, un ecosistema vital en la provincia de Darién que resguarda manglares, bosques inundables y humedales costeros. Esta iniciativa, clave para la biodiversidad panameña y la lucha contra el cambio climático, integra patrullajes exhaustivos, monitoreo científico y diálogos comunitarios, posicionando a Panamá como líder en protección de humedales en Panamá y conservación de ecosistemas críticos.
El Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) y la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCÓN) lideran este ambicioso proyecto, que busca ampliar los límites del Humedal Ramsar Punta Patiño, reconocido internacionalmente por su rol en la preservación de especies amenazadas y la regulación hídrica. Durante recientes patrullajes, guardaparques recorrieron 32 kilómetros por vía acuática y 8 kilómetros por vía terrestre, evaluando zonas estratégicas como Guagaral, Playa Cueca, lagunas cercanas a Sambú y sectores próximos a Garachine. Estos esfuerzos no solo verifican los límites actuales, sino que también recopilan datos esenciales para justificar la expansión y fortalecer el Corredor Biológico Serranía de Bagre.
El componente científico es uno de los pilares de esta iniciativa. Equipos especializados realizan monitoreo de aves migratorias, evaluaciones forestales y el establecimiento de parcelas de investigación, junto con muestreos de agua que miden salinidad, temperatura, zooplancton y profundidad. Estos estudios revelan la dinámica hidrológica del ecosistema, destacando su función como barrera natural contra eventos climáticos extremos y como reservorio de carbono, elementos cruciales en la era del cambio climático.
Pero la expansión no se limita a lo técnico: el diálogo con las comunidades locales es fundamental. En encuentros con representantes de Punta Alegre, Taimatí, Sambú y Garachine, se han presentado mapas topográficos y realizado delimitaciones participativas con fotografías georreferenciadas. Estas sesiones abordan los beneficios ambientales, como el ecoturismo y la educación ambiental, mientras se identifican preocupaciones sobre usos tradicionales del suelo. "La participación comunitaria es clave para un ordenamiento territorial sostenible", enfatizan las autoridades, reconociendo que los humedales enfrentan presiones como la tala ilegal, cambios en el uso del suelo, expansión urbana y contaminación.
Este humedal, administrado en parte por la Reserva Natural Privada Punta Patiño –la primera de su tipo en Panamá–, se integra a la red de sitios Ramsar del país, junto con la Bahía de Panamá, San San Pond Sak y el Golfo de Montijo. Amparado por la Convención Ramsar, incorporada en Panamá mediante la Ley 6 de 1989, y respaldado por normativas como la Ley General de Ambiente (Ley 41 de 1998) y la Política Nacional de Humedales (2018), el proyecto promueve la conectividad entre ecosistemas terrestres y marinos, actuando como corredores biológicos para especies en peligro.
En un contexto donde los humedales globales desaparecen a un ritmo alarmante, esta expansión representa una oportunidad histórica para Panamá. No solo incrementa la cobertura protegida, sino que fortalece la restauración, vigilancia y monitoreo, posicionando al país como modelo de resiliencia ambiental. El proceso continuará con evaluaciones técnicas adicionales y consultas comunitarias, culminando en una revisión cartográfica que podría elevar el estatus internacional de Punta Patiño.