La sequía extrema en la Patagonia cordillerana se agrava con el lago Nahuel Huapi registrando su nivel más bajo en enero de 2026, una bajante de 90 centímetros bajo la cota media histórica, impulsada por precipitaciones deficitarias en los últimos meses de 2025 y temperaturas récord que aceleran la evaporación y reducen la acumulación de nieve. Esta crisis hídrica en Río Negro y Neuquén amenaza el abastecimiento de agua, el riego agrícola y el turismo, con llamados urgentes a declarar emergencia hídrica regional.
El informe del Departamento Provincial de Aguas (DPA) revela un patrón alarmante: en Bariloche, las precipitaciones anuales de 2025 sumaron solo 447,9 milímetros, un 43% menos que el promedio histórico de 790,9 milímetros, similar a años críticos como 1998 (407,9 milímetros) y 2021 (411 milímetros). En los meses recientes, el déficit se acentuó: durante el invierno de 2025, junio registró alrededor de 60 milímetros y julio unos 80 milímetros, convirtiéndolo en uno de los inviernos más secos de la última década, con acumulados hasta mediados de julio de apenas 268 milímetros frente a un promedio anual esperado de 900 milímetros en la región. Hacia finales de 2025, diciembre presentó probabilidades de lluvia inferiores al 10%, con cielos despejados y sin precipitaciones significativas, agravando la falta de recarga hídrica. En enero de 2026, las lluvias han sido prácticamente inexistentes, con pronósticos iniciales de 93 milímetros promedio que no se cumplieron, contribuyendo a un déficit hídrico persistente que supera los 40 meses consecutivos en sectores patagónicos.
Las temperaturas récord juegan un rol clave en esta crisis, acelerando la evaporación y reduciendo la acumulación de nieve. En 2025, la temperatura media se acercó a los 19 grados, superior a los 17 grados de sequías previas, con anomalías térmicas que marcaron extremos. En los últimos meses, diciembre de 2025 registró máximas de 23 a 27 grados y mínimas de 8 a 11 grados, con vientos moderados que favorecieron la sequedad. Los primeros diez días de enero de 2026 mostraron una anomalía térmica de hasta +6 grados por encima de lo normal en la Patagonia, con máximas alcanzando los 36 grados en Río Negro y mínimas variando ampliamente, lo que intensificó la amplitud térmica y el riesgo de deshielo prematuro. Estas condiciones atípicas, combinadas con precipitaciones mínimas durante el invierno, resultaron en una escasez de nevadas histórica, obligando a centros turísticos como Bariloche a usar nieve artificial y reduciendo los aportes de deshielo a ríos y lagos.
Cuencas vitales como las de los ríos Neuquén y Limay tocaron mínimos históricos, mientras que el arroyo Carrasco –esencial para el riego en Mallín Ahogado– bajó a 3,4 metros cúbicos por segundo, contra los 10 metros cúbicos habituales. Matías Tormann, delegado regional andino del DPA, enfatizó: “La temperatura media cerca de los 19 grados y las lluvias ausentes en enero agravan todo”. Esta combinación expone costas en el Nahuel Huapi, eleva el riesgo de incendios forestales y fuerza medidas como camiones cisterna en la Línea Sur y turnos de riego en El Bolsón.
Expertos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) advierten que la transición a condiciones de La Niña débil en el Pacífico profundizará la escasez, con probabilidades superiores al 45% de lluvias inferiores a lo normal y temperaturas por encima del promedio hasta marzo de 2026. Ante esta crisis ambiental sin precedentes, se urge a optimizar el uso del agua, intervenir infraestructuras y crear reservas estratégicas para mitigar impactos en consumo humano, agricultura y prevención de fuegos.
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