Un equipo de químicos de la Universidad de Copenhague ha dado un paso histórico en la lucha contra la contaminación plástica y el cambio climático, dos de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Según un artículo publicado en Science Advances, los investigadores han desarrollado un método innovador para transformar residuos de plástico PET en un absorbente altamente eficiente de dióxido de carbono (CO₂), marcando un hito en la gestión de residuos y la mitigación climática.
¿Qué es el plástico PET?
El PET (tereftalato de polietileno) es un tipo de plástico termoplástico ampliamente utilizado en la fabricación de envases desechables, como botellas de agua y refrescos, bandejas de alimentos y envases de productos cosméticos, así como en textiles, como fibras de poliéster para ropa y alfombras. Este material es valorado por su resistencia, ligereza y transparencia, pero su lenta degradación lo convierte en un problema ambiental, ya que puede persistir durante siglos en vertederos y océanos, generando microplásticos que contaminan aire, suelo y agua.
BAETA: un absorbente de carbono con aplicaciones industriales
La nueva tecnología permite reciclar químicamente incluso los residuos PET que los sistemas tradicionales no pueden procesar, convirtiéndolos en un material revolucionario llamado BAETA, capaz de capturar CO₂ con una eficiencia comparable a las tecnologías industriales actuales.
El material BAETA, de estructura pulverulenta y superficie química optimizada, puede fijar el CO₂ atmosférico de manera eficaz. Diseñado para instalarse en chimeneas industriales, este absorbente captura emisiones en tiempo real. Una vez saturado, el CO₂ se libera mediante calentamiento controlado, permitiendo su recolección, almacenamiento o reutilización como recurso. Este enfoque lo convierte en una solución práctica para reducir las emisiones en plantas industriales.
Síntesis sostenible y escalable
A diferencia de otros materiales para la captura de carbono, la síntesis de BAETA se realiza a temperatura ambiente, lo que reduce significativamente el consumo energético y facilita su producción a gran escala. El equipo ya está trabajando para atraer inversiones que permitan producir este material en toneladas, con el objetivo de convertir esta invención en una empresa sostenible.
Suprarreciclaje: una nueva vida para el plástico oceánico
El proceso destaca por su capacidad para revalorizar el plástico oceánico degradado, que suele ser inutilizable. Los investigadores proponen un modelo de economía circular basado en el suprarreciclaje, donde los residuos plásticos se transforman en un insumo valioso para combatir el cambio climático. Este enfoque podría cambiar radicalmente la forma en que se gestionan los problemas ambientales, integrando la gestión de residuos con la mitigación climática.
“Este avance puede redefinir cómo abordamos los desafíos ambientales, que suelen tratarse por separado”, concluyó Poderyte. Con esta tecnología, el plástico PET deja de ser un problema y se convierte en una herramienta clave para un futuro más sostenible.