El esturión, una de las tantas especies que nos revela una alarmante crisis ambiental en el Río de la Plata

Sustentabilidad

Como cada invierno desde hace más de 20 años, el Río de la Plata sorprende con la captura de un pez prehistórico: el esturión. Este "fósil viviente", con rasgos similares a un tiburón y una historia que se remonta al período triásico, hace 200 millones de años, apareció nuevamente en julio de 2024. Un ejemplar, donado por un pescador a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), destapó una preocupante realidad: el río está asfixiado por millones de plásticos que amenazan a todas sus especies.

El esturión, una especie invasora que puede alcanzar los cuatro metros de largo, es estudiado por el Instituto de Limnología (ILPLA) de la UNLP y el Conicet La Plata. Los biólogos Darío Colautti, Tomás Maiztegui y Vivian Yorojo Moreno, junto a las estudiantes Eliana Agrelo y Milagros Gómez, investigan su impacto en el ecosistema del río. El ejemplar donado, de la especie Acipenser baerii o gueldenstati, medía 70 centímetros y estaba desnutrido. En su estómago, los investigadores encontraron pocos alimentos y una gran cantidad de plásticos. "El Río de la Plata está extremadamente contaminado. El esturión tenía una gran cantidad de plásticos, algo tristemente común. El río es un asco", lamenta Tomás Maiztegui, docente de la Cátedra de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP.

Esta contaminación por plásticos no es un fenómeno aislado. Las causas principales radican en una gestión inadecuada de residuos en Argentina y países aledaños, exacerbada por la rápida urbanización, asentamientos informales y el aumento del consumo. El Río Paraná, que alimenta al Río de la Plata, transporta grandes cantidades de desechos plásticos de origen doméstico, como bolsas de polietileno, envoltorios de alimentos, espumas de poliestireno y botellas de PET, provenientes de vertederos mal manejados y descargas urbanas. Además, los microplásticos secundarios, resultantes de la degradación de plásticos más grandes, se suman a los primarios de industrias como la textil, redes de pesca y bolsas plásticas.

No solo el esturión sufre esta plaga ambiental. Estudios revelan que el 100% de los peces analizados en el estuario del Río de la Plata contienen microplásticos en sus contenidos estomacales, afectando a 11 especies con hábitos alimenticios variados: detritívoros, planctívoros, omnívoros e ictiófagos. Entre las especies impactadas se encuentran el cornalito blanco (Micropogonias furnieri), una de las más importantes comercialmente en el ecosistema, así como truchas marrones, truchas arcoíris y bagres de torrente en ríos afluentes similares. Las fibras representan el 96% de los microplásticos encontrados, y su abundancia es mayor cerca de descargas de aguas residuales.

Los impactos van más allá de la fauna acuática y alcanzan la salud humana. Al consumir peces contaminados, las personas pueden ingerir microplásticos que se acumulan en tejidos como músculos, branquias e intestinos de los peces, causando en estos últimos daños tisulares, estrés oxidativo, neurotoxicidad, retraso en el crecimiento y alteraciones conductuales. En humanos, estos plásticos pueden translocarse a otros tejidos, provocando estrés oxidativo, citotoxicidad, neurotoxicidad y disrupciones en el sistema inmune. Además, actúan como vectores de contaminantes orgánicos y metales traza, potenciando riesgos de inflamación crónica, alteraciones metabólicas y posibles efectos carcinogénicos, aunque la evidencia aún es emergente. Pescadores y consumidores habituales de especies del Río de la Plata enfrentan estos peligros, subrayando la urgencia de mejorar la gestión de residuos para proteger tanto el ecosistema como la salud pública.

El proyecto del ILPLA destaca no solo el riesgo de invasores como el esturión –comparable a la carpa común que invadió cuerpos de agua hace un siglo–, sino la contaminación subyacente. "El principal problema es la contaminación", refuerza Maiztegui, quien insta a reflexionar sobre descargas cloacales e industriales. Con aportes de pescadores como Claudio Velardo y comercios como Matungo Pesca, los científicos continúan su labor pese al desfinanciamiento, buscando más ejemplares para entender y mitigar esta doble amenaza.