Una revisión sistemática realizada por investigadores de la Universidad de Massachusetts reveló que sustancias como cocaína, anfetaminas, ketamina, morfina, codeína y tramadol están presentes en 225 ríos de cuatro continentes, según un estudio publicado en la prestigiosa revista Science of the Total Environment. Los ríos de América del Sur presentan las concentraciones más altas de cocaína a nivel mundial, con un promedio regional de 29.885 nanogramos por litro y picos que alcanzan los 487.650 nanogramos por litro, superando ampliamente los registros de otras regiones.
El trabajo, liderado por Varsha Niroula, Gustavo Salcedo y Sheree Pagsuyoin, analizó datos de 865 puntos de muestreo en ríos de América, Europa, Asia y Oceanía, recopilados entre 2012 y 2022. Los investigadores destacaron que la contaminación por drogas de abuso representa un riesgo ambiental significativo, ya que estas sustancias, provenientes del consumo humano, abuso recreativo o mal uso médico, llegan a los cursos de agua a través de las aguas cloacales. Las plantas de tratamiento convencionales no eliminan completamente estos compuestos, lo que genera mezclas químicas difíciles de descontaminar.
Un problema global con datos insuficientes
La cocaína es la sustancia más presente en América Latina, con niveles muy superiores a los de Europa y Asia. En contraste, África registra las mayores concentraciones de opioides como codeína y tramadol. Los expertos señalaron que la falta de monitoreo uniforme y la escasez de datos en regiones como América Latina, África y Oceanía dificultan evaluar la magnitud del problema y diseñar políticas ambientales efectivas. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se concentraban en Europa y Asia, dejando grandes vacíos de información en otras partes del mundo.
“La contaminación por drogas de abuso genera preocupación por sus posibles efectos ecológicos sobre organismos acuáticos y ecosistemas”, explicaron los autores. Sin embargo, advirtieron que existe un gran vacío de información sobre la persistencia y toxicidad real de estas sustancias en el ambiente, ya que los estudios toxicológicos suelen usar concentraciones mucho más altas que las halladas en los ríos, lo que limita las evaluaciones precisas sobre los daños a la fauna.
Hallazgos clave de la investigación
El estudio comparó muestras de áreas urbanas y rurales, encontrando que las zonas urbanas presentan mayores niveles de residuos, aunque también se detectó contaminación en ambientes rurales. La cocaína lidera con un promedio global de 8.091 nanogramos por litro, casi 900 veces más que el éxtasis. En América del Sur, los niveles son particularmente altos, reflejando tanto el consumo como la producción de esta droga en la región.
Los residuos de drogas llegan a los ríos a través de aguas cloacales, provenientes de consumos médicos o recreativos, y persisten en el agua durante días o semanas. Además, las mezclas de estos compuestos complican aún más la descontaminación, y la ciencia aún no ha dimensionado completamente los efectos de estos “cócteles químicos” en los ecosistemas.
La visión desde América Latina
El doctor Pedro Carriquiriborde, experto en contaminación ambiental del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIM, Conicet, Argentina), destacó que los sistemas de tratamiento de aguas cloacales en países como Argentina son inadecuados o inexistentes, lo que facilita la llegada de estas sustancias a los ríos. “Algunos fármacos, como los anticonceptivos, ya demostraron alterar el sexo de los peces, pero sobre las drogas de abuso se sabe mucho menos debido a la dificultad de estudiarlas”, afirmó.
Carriquiriborde subrayó que la única solución efectiva es implementar redes cloacales que dirijan los efluentes a plantas de tratamiento adecuadas antes de que lleguen a los cuerpos de agua. Sin embargo, señaló que para las drogas ilegales, como la cocaína, es imposible establecer programas de recolección o reducción de consumo debido a su naturaleza prohibida.
Llamado a la acción global
Los investigadores recomendaron ampliar el monitoreo a regiones poco estudiadas, unificar métodos de análisis y priorizar estudios sobre la persistencia y los riesgos reales de estas sustancias en la vida silvestre. “Solo con datos realistas se podrá guiar una mejor gestión ambiental y combatir la contaminación por drogas de abuso en los ecosistemas de agua dulce”, concluyeron.
Este estudio pone en evidencia un problema ambiental subestimado que requiere atención urgente para proteger los ecosistemas acuáticos y garantizar una gestión más efectiva de los recursos hídricos a nivel global.