Ocelote Messi: El felino que viaja 1.500 km para salvar su especie en el Iberá

Diversidad

El ocelote Messi, un ejemplar salvaje de Leopardus pardalis, ha sido trasladado desde Jujuy hasta el Parque Iberá en Corrientes, marcando la primera translocación silvestre de este felino en Argentina y América. Esta operación, clave para restaurar el equilibrio ecológico en uno de los humedales más vastos del continente, resalta la urgencia de proteger especies en peligro de extinción como el ocelote, cuyo rol como depredador es vital para la biodiversidad.

El ocelote Messi, capturado en una reserva privada de Ledesma en la provincia de Jujuy, representa un avance innovador en estrategias de recuperación poblacional. A fines de 2025, este individuo fue movilizado en una operación coordinada por Rewilding Argentina, en colaboración con jurisdicciones provinciales, centros de cría y entidades de rescate. "Translocar animales salvajes es lo ideal para recuperar una especie. Un animal que ya sabe cazar, ya sabe vivir en su ambiente", explicó un miembro del equipo, destacando las ventajas sobre ejemplares criados en cautiverio, que requieren un monitoreo intensivo.

Este traslado silvestre a silvestre no solo fortalece la presencia del ocelote en Iberá, donde la especie desapareció hace una década debido a la destrucción del hábitat y la caza histórica por su piel, sino que también contribuye a restaurar el rol ecológico del felino. Como el tercer felino más grande de América —detrás del yaguareté y el puma—, el ocelote controla la densidad de presas como aves, pequeños mamíferos, reptiles y anfibios, mejorando la funcionalidad del ecosistema. En Corrientes, los registros de la especie son escasos desde 2015, pero proyectos como este buscan revertir esa tendencia.

El proyecto de reintroducción, iniciado en 2021, ya ha liberado ejemplares como Tomi y Luna en 2023, y Pelusa en septiembre de 2025. Messi, actualmente bajo observación en el parque para un breve período de adaptación, se liberará pronto para unirse a esta población emergente. Estudios del CONICET en la Selva Misionera, liderados por investigadores como Paula Cruz y Mario Di Bitetti, revelan que en áreas bien conservadas, la densidad poblacional alcanza entre 7,85 y 10,53 ejemplares por cada cien kilómetros cuadrados. Además, se ha documentado hembras de hasta 19 años, un récord de longevidad que subraya la vulnerabilidad de la especie ante la pérdida de hábitat.

La translocación de Messi abre la puerta a más operaciones similares, involucrando a bioparques, zoológicos y equipos científicos. En un contexto donde el ocelote habita ecorregiones como las Yungas, la Selva Paranaense y el Chaco, su protección es un indicador de la salud de los bosques nativos. Limitar el acceso humano y preservar áreas boscosas son medidas esenciales, según expertos, para asegurar el futuro de este felino solitario y nocturno, que vive entre 8 y 10 años en la naturaleza, pero hasta 20 en cautiverio.

Este logro no solo inspira esperanza en la lucha contra la extinción, sino que posiciona a Argentina como líder en rewilding regional, atrayendo atención global a la biodiversidad sudamericana. Con más traslados en el horizonte, el ocelote Messi podría convertirse en el símbolo de una recuperación exitosa, recordándonos que acciones audaces pueden revertir décadas de degradación ambiental.