El artista puertorriqueño Bad Bunny hizo historia en el Super Bowl LX con un show de medio tiempo casi íntegramente en español, reivindicando la resistencia latina en un momento crítico para los inmigrantes en Estados Unidos, donde la administración Trump impulsa deportaciones masivas y recortes drásticos a la inmigración legal. Sus críticas al espectáculo desataron una polémica que expone divisiones culturales y políticas en el país.
En el imponente Levi's Stadium de California, ante una audiencia estimada en 125 millones de espectadores, Bad Bunny –cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio– transformó el halftime show del Super Bowl del 8 de febrero de 2026 en un tributo vibrante a Puerto Rico. El repertorio, dominado por ritmos como reguetón, salsa, bomba y plena, incluyó éxitos como "Tití me preguntó" y "Baile inolvidable", culminando con "Debí tirar más fotos". La escenografía evocaba elementos icónicos de la isla: cañaverales, una casita rural y el imponente El Morro, el fuerte colonial de San Juan.
Pero el espectáculo no fue solo entretenimiento; fue un acto de resistencia cultural con profundo significado en el contexto actual de Estados Unidos. Bajo la segunda administración de Donald Trump, que ha priorizado una agenda antiinmigrante, el show de Bad Bunny emerge como un hito de afirmación latina. Desde su reelección, Trump ha firmado decenas de órdenes ejecutivas que reducen la inmigración legal en un 33% a 50%, según estimaciones del National Foundation for American Policy, afectando a hasta 2.4 millones de personas en cuatro años. Políticas como la expansión de vetos de viaje a 39 países, el fin de protecciones temporales para 350.000 haitianos, topes históricos bajos en admisiones de refugiados (solo 7.500 para 2026) y deportaciones masivas –con más de 1.5 millones de inmigrantes removidos en el primer año– han creado un clima de miedo y hostilidad hacia las comunidades migrantes. Puerto Rico, aunque territorio estadounidense y sus habitantes ciudadanos por nacimiento, ha sido históricamente marginado, con crisis como la deuda pública, la migración masiva tras el huracán María (donde Trump fue criticado por su respuesta lenta) y la percepción de los puertorriqueños como "inmigrantes" en el continente. En este panorama, el performance en español de Bad Bunny –denunciando apagones eléctricos en "El Apagón", carreteras en ruinas en "BOKeTE" y persecución al independentismo en "LA MuDANZA"– no solo une a la diáspora latina, sino que desafía la narrativa trumpista de que los inmigrantes representan una "amenaza" a la "grandeza de América". Como señala el profesor Albert Laguna, es "una conversación entre generaciones" que abre puertas globales para voces marginadas, recordando que los latinos son el grupo demográfico de mayor crecimiento en EE.UU., contribuyendo económicamente pero enfrentando discriminación lingüística y cultural. Este show, visto por millones, afirma que la cultura latina es inherente al tejido estadounidense, contraponiendo la resistencia cultural a las políticas de exclusión que han dejado vacíos laborales en sectores como agricultura y construcción.
La controversia estalló con Donald Trump, quien no asistió al evento pero arremetió contra la actuación en múltiples publicaciones en Truth Social. Inmediatamente después del show, escribió: "El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores, ¡NUNCA! No tiene sentido, es una afrenta a la Grandeza de América y no representa nuestros estándares de Éxito, Creatividad o Excelencia". Dirigiéndose específicamente a Bad Bunny, agregó: "Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es asqueroso, especialmente para los niños pequeños que están viendo en todo EE.UU. y en todo el Mundo. Este 'Show' es solo una 'bofetada en la cara' a nuestro País". No se detuvo allí; en publicaciones posteriores, vinculó la crítica al espectáculo con su agenda migratoria, sugiriendo que promueve "valores extranjeros" en un momento en que su administración impulsa "vetting extremo" y el cierre de fronteras para desincentivar la migración. Trump, quien ha calificado previamente a Bad Bunny como un "crítico vocal" de sus políticas –recordando el apoyo del artista a Kamala Harris en 2024 tras un chiste racista sobre Puerto Rico en un mitin trumpista–, usó el incidente para reforzar su retórica MAGA, afirmando que el NFL debería "reemplazar su ridícula nueva regla de kickoff" y que el show es "nada inspirador sobre este desastre". Estas reacciones generaron miles de respuestas en redes, con defensores de Trump aplaudiendo su postura y críticos acusándolo de xenofobia, especialmente en un país donde solo el 22% de los puertorriqueños habla inglés "muy bien", según el Censo. Escritora Carina del Valle Schorske nota que las lenguas caribeñas han sido "despreciadas como derivadas, adulteradas y analfabetas", amplificando el debate sobre inclusión.
Este hito llega tras el Grammy de Bad Bunny al Mejor Álbum del Año por un disco en español, "Debí tirar más fotos", descrito por su productor MAG como "un movimiento cultural" que abraza a Puerto Rico. Académicas como Vanessa Díaz y Petra R. Rivera Rideau, en su libro P FKN R: How Bad Bunny Became the global voice of Puerto Rican resistance, destacan su conexión íntima con la isla, denunciando crisis como la deuda pública, migración masiva, violencia y cierres de escuelas.
En paralelo, el Super Bowl vio reacciones mixtas a figuras como Taylor Swift, presente para apoyar a su pareja Travis Kelce de los Kansas City Chiefs. Videos virales capturaron abucheos hacia la cantante en el estadio, contrastando con ovaciones a Trump. El presidente no dudó en burlarse en redes: "El único que tuvo una noche más dura que los Kansas City Chiefs fue Taylor Swift. La abuchearon fuera del Estadio. MAGA es muy poco perdonador", refiriéndose a la derrota de los Chiefs ante los Philadelphia Eagles. Este episodio avivó debates sobre política, fandom y cultura pop, con Swift bailando al ritmo de Bad Bunny pese a su limitada fluidez en español, mientras Trump admitía no entender el show.
El halftime de Bad Bunny no solo unió a la diáspora latina, sino que expuso tensiones identitarias en EE.UU. En un evento tradicionalmente anglosajón, su español puertorriqueño –con términos como "pichear" (ignorar) o "janguear" (salir de fiesta)– reivindicó voces marginadas. Como dice el propio artista, de orígenes humildes en Vega Baja, su música es un puente entre el pasado clandestino del reguetón y su dominio global.
Este Super Bowl marca un antes y un después: la cultura latina conquista el centro del escenario estadounidense, desafiando críticas y barreras en una era de políticas migratorias restrictivas. ¿El inicio de una era más inclusiva en la NFL o un catalizador para más divisiones?