El plogging, el revolucionario entrenamiento fitness que combina running con recolección de basura en Nueva York, está conquistando las calles de la Gran Manzana y redefine el deporte urbano al fusionar salud personal con impacto ambiental positivo.
Nueva York vive un auténtico auge del plogging, esa práctica nacida en Suecia que hoy revoluciona el deporte urbano al convertir cada salida a correr en una acción concreta por el planeta. Mientras los corredores recogen desechos de las aceras, parques y avenidas, mejoran su condición física y fortalecen la conciencia ambiental de toda la comunidad.
La idea surgió en 2016 en Estocolmo, cuando el sueco Erik Ahlström, cansado de esquivar basura durante sus entrenamientos diarios, decidió recogerla mientras corría. Del sueco “plocka upp” (recoger) y “jogging” nació el plogging, un movimiento que en 2018 se expandió globalmente impulsado por la alarma ante la contaminación plástica. Hoy, millones de personas en más de 100 países lo practican diariamente.
En Nueva York, el New York Road Runners (NYRR) impulsó la tendencia desde 2019 con eventos por el Día de la Tierra. En su sede de Manhattan cualquiera puede retirar bolsas y guantes para ploggear solo o en grupo. La práctica se consolidó antes de grandes carreras como la United Airlines NYC Half Marathon, la RBC Brooklyn Half Marathon y el Maratón de Nueva York, donde cientos de corredores limpian rutas suaves mientras entrenan.
Aly Criscuolo, directora de sostenibilidad del NYRR, explica que la visibilidad del maratón —con dos millones de espectadores— lleva el plogging a barrios fuera del circuito oficial: “Incluso fuera de eventos formales, hay quienes recogen basura durante sus salidas matutinas”. La participación promedio alcanza casi los 100 asistentes por jornada.
La maratonista retirada y defensora de la sostenibilidad Tina Muir cuenta cómo esta actividad cambió su relación con el deporte: “Me entusiasmaba participar en algo concreto y sentir que podía contribuir positivamente a mi entorno y a la ciudad que considero mi hogar”. Para Jason Fitzgerald, entrenador y conductor del Strength Running Podcast, las pausas para agacharse generan un ritmo cardíaco más bajo, queman más grasa y favorecen la recuperación, además de reproducir movimientos de sentadillas y zancadas que fortalecen músculos y huesos.
Los beneficios van más allá: reducción de síntomas depresivos, mayor resistencia aeróbica, satisfacción personal por sentirse útil y creación de lazos sociales. “Es una excelente manera de construir comunidad y amistad”, destaca Muir.
Este fenómeno no se detiene en Manhattan. Otros estados de Estados Unidos ya lo imitan con éxito: en 2026 se realizan eventos masivos en Rhode Island (Newport Marathon), Idaho (Boise Plogs), Colorado (Chatfield State Park), Carolina del Norte (Asheville Marathon) y decenas más, muchos impulsados por Keep America Beautiful. La tendencia demuestra que cualquier ciudad norteamericana puede replicar el modelo.
A nivel internacional, el plogging se posiciona como una práctica ideal para replicar en otros países desarrollados como Alemania, Canadá, Japón, Reino Unido y Australia, donde la combinación de bienestar físico, sostenibilidad urbana y acción colectiva responde al deseo de ciudadanos que buscan trascender el simple entrenamiento tradicional.
Pequeñas acciones, grandes cambios. En Nueva York y más allá, el plogging prueba que correr puede limpiar el mundo. ¿Estás listo para dar el primer paso? #Plogging #FitnessSostenible #NuevaYorkVerde #ConcienciaAmbiental #EcoRunning