Ladrillos de PET CONICET Crespo: 1 millón de botellas recicladas construirán las primeras aulas sostenibles de Argentina en la Escuela 105

Sustentabilidad

El CONICET impulsa la revolución de la construcción sostenible y la economía circular en Entre Ríos con ladrillos de PET que transforman residuos plásticos en materiales de vanguardia para viviendas y educación.

En un hito inédito para el país, el CONICET avanza en la transferencia tecnológica que convierte miles de botellas plásticas en ladrillos de PET certificados, impulsando plantas productivas como la del Parque Ambiental de Crespo. Esta iniciativa no solo promueve la construcción sostenible sino que redefine la economía circular al dar una segunda vida a residuos que tardarían siglos en degradarse, generando empleo local y reduciendo el impacto ambiental en una provincia pionera.

Las autoridades del CONICET, encabezadas por su presidente Daniel Salamone, recorrieron recientemente la planta municipal y destacaron cómo esta tecnología desarrollada por investigadores del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) ya se aplica en obras concretas. Parte de esos bloques han servido para residencias de adultos mayores y, ahora, se destinan a un proyecto educativo histórico: la ampliación de la Escuela N° 105 “Patria Libre”.

Según datos oficiales del municipio, la planta produce 10.000 ladrillos de PET por mes, con un ritmo de 700 a 800 piezas diarias en jornadas de tres veces por semana. Cada ladrillo –que pesa 1.800 gramos– requiere 30 botellas PET trituradas, mezcladas con cemento y aditivos en un proceso que dura 28 días de curado, sin necesidad de cocción. Para las tres aulas, sala de profesores y grupo sanitario de la escuela se necesitan 36.500 ladrillos, lo que equivale a una campaña de reciclaje local de más de 1 millón de botellas. Esta cifra representa un salto cuantitativo: en Argentina se generan 45.000 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos, y cada habitante produce en promedio 1,15 kg por día; aquí, esa basura se transforma en infraestructura educativa.

Los beneficios del material son contundentes. Los ladrillos de PET ofrecen un aislamiento térmico seis veces superior al de los ladrillos convencionales de tierra, lo que reduce el consumo energético en las edificaciones. Son más livianos, lo que permite cimientos de menor tamaño y ahorros en materiales; resisten el fuego (clasificados como Clase RE2, de muy baja propagación de llama) y evitan el consumo de recursos naturales al reemplazar arena por partículas de plástico reciclado. Desde el punto de vista ambiental, cada ladrillo evita que 30 botellas terminen en basurales o ríos, mitigando la contaminación por microplásticos y promoviendo la separación en origen bajo el programa “Otra Oportunidad”.

Económicamente, el modelo genera desarrollo local: capacita personal municipal, reduce costos de construcción al ser más livianos y rápidos de ensamblar, y abre la puerta a la replicabilidad en otras localidades. Las primeras cuatro viviendas sociales para adultos mayores –edificadas en un 90% con estos bloques– ya fueron inauguradas, convirtiendo a Crespo en el primer municipio argentino en certificar y escalar esta tecnología del CONICET.

“Creamos una revolución innovadora con un proyecto de reciclado que llevamos adelante todos los crespenses”, destacó el intendente Darío Schneider. Esta apuesta integra ciencia, política pública y comunidad, posicionando a Entre Ríos como líder nacional en construcción sostenible. Mientras el país busca soluciones ante la crisis de residuos, los ladrillos de PET demuestran que la economía circular no es un slogan: es el futuro tangible de la educación y la vivienda digna.

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