En un contexto de cambio climático acelerado, un nuevo estudio alerta sobre cómo los microplásticos están socavando la capacidad de los océanos para actuar como el mayor sumidero de carbono del planeta, interfiriendo en la absorción de CO₂ y potenciando el calentamiento global. Esta contaminación plástica no solo amenaza la biodiversidad marina, sino que podría desencadenar un ciclo vicioso de acidificación oceánica y pérdida de seguridad alimentaria para millones de personas.
Un equipo internacional de científicos, liderado por el Dr. Ihsanullah Obaidullah de la Universidad de Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos, ha publicado en el Journal of Hazardous Materials: Plastics un análisis exhaustivo que revela los impactos ocultos de los microplásticos –partículas menores a 5 milímetros– en los ciclos oceánicos. Según la investigación, estos contaminantes alteran procesos biogeoquímicos clave, debilitan la bomba biológica de carbono y liberan gases de efecto invernadero (GHG) al degradarse. "Los océanos absorben hasta el 40% del CO₂ producido por humanos desde la era industrial, pero los microplásticos están minando este escudo natural contra el cambio climático", advierte Obaidullah.
La bomba biológica de carbono depende de organismos como el fitoplancton y el zooplancton, que capturan CO₂ a través de la fotosíntesis y lo transportan al fondo marino en forma de sedimentos. Sin embargo, los microplásticos se adhieren a estas especies, obstruyendo la luz solar y reduciendo las tasas de fijación de carbono hasta en un 45%. Además, al ser ingeridos, alteran la densidad de los pellets fecales, ralentizando su hundimiento y manteniendo el carbono en aguas superficiales por semanas adicionales. Esto no solo limita la absorción de CO₂, sino que agrava el calentamiento oceánico y la acidificación, afectando corales y cadenas alimentarias enteras.
Expertos coinciden en que esta interferencia podría exacerbar el cambio climático, con consecuencias globales: desde la pérdida de biodiversidad hasta impactos en la seguridad alimentaria y las comunidades costeras. "Con el tiempo, estos cambios podrían llevar a un océano más cálido, acidificado y menos productivo", señala el estudio, que urge a acciones internacionales para reducir la producción de plásticos. Investigaciones previas ya habían ligado los microplásticos a emisiones de GHG durante su degradación, pero este trabajo destaca su rol directo en la disrupción del ciclo del carbono marino.
Ante este panorama alarmante, organizaciones ambientales llaman a políticas urgentes, como la prohibición de plásticos de un solo uso y la mejora en el reciclaje global. "No es solo contaminación visible; es un enemigo invisible que acelera la crisis climática", concluye Obaidullah. Este descubrimiento podría impulsar debates en foros internacionales, recordándonos que la lucha contra el cambio climático debe incluir la batalla contra la contaminación plástica.