El desplome del petróleo y el gas pone en jaque las políticas verdes de Bruselas

Sustentabilidad

La Unión Europea (UE) apostó fuerte por el Pacto Verde Europeo: un ambicioso plan para recortar emisiones en un 55% para 2030 respecto a 1990 y alcanzar la neutralidad climática para 2050. Hasta 2023, las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) cayeron más de un tercio desde 1990, con un progreso del 52% proyectado para 2030 bajo políticas actuales. Pero la reciente caída de los precios del petróleo - de un promedio de 81 dólares por barril en 2024 a 74 dólares en 2025, con proyecciones de 66 dólares en 2026 - y del gas natural ha encendido las alarmas: ¿pueden las políticas verdes resistir la tentación de combustibles fósiles más baratos, cuando la gasolina minorista en ESTADOS UNIDOS bajará un 3% en 2025?

El desplome no es casualidad. Una sobreoferta global, con el shale oil de Estados Unidos alcanzando 13,9 millones de barriles por día (bpd) en 2025 —un 4,5% más que en 2024— y la OPEP+ incrementando producción en 547.000 bpd en septiembre de 2025 (parte de un desmantelamiento de 2,2 millones bpd de recortes voluntarios), ha saturado los mercados. A esto se suman avances en fracking que reducen costos por debajo de 1 dólar por barril en break-even, una menor demanda en China —donde el crecimiento de la electricidad se desaceleró al 3% en 2024 y las emisiones de CO2 cayeron un 1% en el primer semestre de 2025— y mayor estabilidad geopolítica en regiones productoras. El resultado: petróleo y gas más accesibles, con el Henry Hub del gas en 3,30 dólares por millón de BTU a fin de 2025, un desafío directo para la agenda verde de Bruselas.

El Pacto Verde bajo presión

Lanzado en 2019, el Pacto Verde busca transformar sectores como transporte e industria, con renovables cubriendo el 42,5% del mix energético para 2030. Sin embargo, los combustibles fósiles baratos amenazan este rumbo, cuando las emisiones del sector energético e industrial ya han bajado un 50% desde 2005 gracias al ETS:

  • Atractivo económico: Con precios bajos, el petróleo y gas compiten con renovables, retrasando su adopción en la industria pesada, donde las emisiones representan el 25% del total de la UE.
  • Subsidios en riesgo: La presión para recortar los 354.000 millones de euros en subsidios energéticos totales de 2023 —de los cuales miles de millones van a renovables— crece, ya que consumidores cuestionan su necesidad ante gas barato.
  • Riesgo político: En países como Polonia, partidos escépticos podrían ganar terreno, argumentando que fósiles baratos resuelven necesidades inmediatas, pese a que el 88% de europeos apoya más renovables.

La competitividad de las renovables se tambalea, con inversiones en ellas alcanzando 390.000 millones de dólares en 2025. La electrificación del transporte —pilar del Pacto— podría frenarse: las ventas de vehículos eléctricos de batería (BEV) crecieron un 34% en el primer semestre de 2025, capturando el 15,6% del mercado, pero la gasolina barata amenaza este ritmo. Además, la narrativa de seguridad energética, impulsada tras Ucrania, pierde fuerza con suministros fósiles abundantes y precios de carbono en el ETS en 77,43 euros por tonelada en octubre de 2025.

Y ahora, quien podrá ayudarnos

La UE no está de brazos cruzados, con grids recibiendo más de 70.000 millones de dólares anuales en 2025. Estrategias clave incluyen:

  • Fortalecer el comercio de emisiones: Ajustar el ETS —que generó 200.000 millones de euros en ingresos— para encarecer fósiles, con precios proyectados en 149 euros por tonelada para ETS2 en 2030.
  • Invertir en innovación: Apostar por hidrógeno verde y almacenamiento, duplicando eficiencia en edificios con 100.000 millones de dólares invertidos.
  • Impuestos al carbono: Eliminar subsidios fósiles (parte de los 145.000 millones de euros en medidas de crisis de 2023) y nivelar el campo.
  • Sensibilización: Educar sobre beneficios a largo plazo, como 1 millón de empleos verdes para 2030.

La caída de precios del petróleo y gas es un obstáculo, pero también una oportunidad para que la UE demuestre su compromiso: renovables generaron el 50% de la electricidad en 2024. Bruselas debe reforzar políticas, asegurar que la transición verde sea imparable y consolidar su liderazgo global contra el cambio climático, con emisiones cayendo un 3% solo en el sector eléctrico en el primer semestre de 2025.