Desde principios de 2025, más de 30 mil hectáreas de humedales en el Delta del Paraná han sido arrasadas por incendios, según un informe del Centro de Estudios Territoriales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Este estudio, presentado en una audiencia pública en el Concejo Municipal de Rosario, revela la magnitud de un problema ambiental que persiste desde hace años y que, lejos de resolverse, continúa agravándose. La actividad humana es señalada como la principal causa de los focos de incendio, especialmente en el último trimestre, mientras que la falta de políticas públicas efectivas y el desfinanciamiento agravan la crisis. Estos fuegos no solo destruyen el paisaje, sino que devastan una biodiversidad única, afectando flora y fauna esenciales para el equilibrio ecosistémico de la región.
Una crisis que no cesa
El informe detalla que, entre enero y septiembre de 2025, se quemaron 30.327 hectáreas en los humedales del Delta del Paraná, un área equivalente a 200 veces el Parque Independencia de Rosario. Los incendios tuvieron un pico en el primer bimestre, con 12.976 hectáreas afectadas, disminuyeron en los meses siguientes (2.618 hectáreas entre marzo y junio), pero repuntaron drásticamente desde julio, alcanzando 10.929 hectáreas en el cuarto bimestre y 13.188 hectáreas solo en septiembre. Matías De Bueno, secretario de Política Ambiental de la UNR, advirtió que, de no tomarse medidas, podrían quemarse 20 mil hectáreas más antes de fin de año.
A pesar de condiciones climáticas favorables, como mayor humedad y un nivel del río Paraná superior al de años anteriores, los incendios persisten. Estas condiciones, que actúan como una barrera natural para la dispersión del fuego, no han sido suficientes para frenar los focos, lo que refuerza la hipótesis de que la actividad humana está detrás de la mayoría de los incendios. Además, la mejora hídrica ha favorecido el crecimiento de vegetación, aumentando el material combustible en la zona.
Impacto en la biodiversidad: flora y fauna en peligro
Los humedales del Delta del Paraná albergan una biodiversidad excepcional, con más de 700 especies de plantas vasculares que forman un mosaico de pastizales, pajonales, bosques ribereños y lagunas. Entre la flora más afectada se encuentran los pastizales herbáceos nativos, como los de Spartina densiflora y Zizaniopsis bonariensis, que son quemados sistemáticamente para renovar forraje ganadero, pero cuya destrucción recurrente empobrece el suelo y reduce la capacidad de retención de agua del ecosistema. Aunque la vegetación herbácea muestra cierta resiliencia gracias a bancos de semillas subterráneos, los árboles de gran porte, como ceibos y sauces, tardan décadas en regenerarse, alterando la estructura del hábitat y liberando carbono almacenado, lo que agrava el cambio climático.
La fauna sufre impactos aún más severos, ya que muchas especies no logran escapar del fuego. El Delta es hogar de al menos 50 especies de mamíferos, incluyendo carpinchos (nutrias gigantes), coipos, gatos monteses y zorros, que pierden hábitats y refugios, resultando en una disminución drástica de poblaciones y desequilibrios tróficos —por ejemplo, la proliferación de insectos ante la ausencia de predadores. Más de 260 especies de aves, que representan el 31% de la avifauna argentina, ven destruidos sus nidos y sitios de reproducción; migratorias como garzas, ibis y patos enfrentan ahora un "tercio de las islas arrasadas" al llegar. Cerca de 300 especies de peces, junto con 27 de anfibios y más de 30 de reptiles, son altamente vulnerables: reptiles e invertebrados aparecen calcinados por su baja movilidad, mientras que los peces juveniles pierden alimento y oxígeno en aguas contaminadas por cenizas. Estas pérdidas no solo afectan la cadena alimentaria, sino que amenazan la reproducción de especies raras y en peligro, como el yacaré overo, con consecuencias irreversibles para la estabilidad ecosistémica.
Falta de recursos y políticas públicas
El informe también pone en evidencia el debilitamiento de las políticas públicas para prevenir y controlar los incendios. La eliminación del fondo fiduciario del Sistema Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) y la reducción del presupuesto desde 2023 han limitado severamente las acciones de respuesta. En 2024, solo se ejecutó el 22% del presupuesto asignado, y en 2025, hasta el momento, el 30,7%. Esta subejecución deja al sistema de manejo del fuego en una posición reactiva y tardía, incapaz de abordar la magnitud del problema.
“La magnitud y recurrencia de los incendios evidencian que ninguna provincia, por sí sola, puede enfrentar el problema”, señala el informe, que aboga por una gobernanza compartida entre las provincias involucradas y el Estado nacional, con cooperación técnica, financiera y operativa.
¿Quién prende el fuego?
“Aún no pudimos resolver quién enciende el fuego”, lamentó De Bueno, quien calificó la situación como un “ecocidio silencioso”. La falta de identificación de responsables es una de las principales deudas de la Justicia en los últimos cinco años. Las organizaciones sociales, como la Multisectorial Humedales, coinciden en que la ausencia de control estatal y la falta de recursos para investigaciones judiciales perpetúan la impunidad. Rodolfo Martínez, de la Multisectorial, criticó la inacción de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, así como la falta de voluntad del gobierno nacional para abordar la crisis ambiental.
En la audiencia pública, impulsada por el concejal de Ciudad Futura Julián Ferrero, se debatieron las causas judiciales en curso. El fiscal federal Claudio Kishimoto expuso los avances, en un hecho considerado “histórico” por Ferrero, quien destacó la importancia de reunir a funcionarios, universidades, organizaciones socioambientales y sectores ganaderos para discutir el problema.
Voces de la comunidad
Las organizaciones ambientales, presentes en la audiencia, subrayaron que los incendios son un problema recurrente debido a la falta de ordenamiento territorial y control estatal. Martínez señaló que “Victoria detenta la jurisdicción de un enorme territorio sobre el que no garantiza el cumplimiento de la ley”, y criticó la ausencia de herramientas como drones o lanchas para una respuesta rápida. “Siempre se pone como excusa la falta de recursos, pero no se cobra multas a quienes hacen terraplenes ilegales”, agregó.
A pesar de los retrocesos, la militancia ambiental destaca que la sociedad sigue comprometida con la causa. “Hoy todos sabemos lo que es un humedal”, afirmó Martínez, quien resaltó los aprendizajes colectivos y la institucionalización de procesos locales, aunque lamentó el negacionismo del gobierno nacional en materia ambiental.
Un futuro incierto
Sin una estrategia coordinada, recursos adecuados y avances judiciales, los incendios en el Delta del Paraná seguirán siendo una amenaza constante. Las organizaciones y especialistas insisten en la necesidad de un plan integral que aborde las causas estructurales del problema, garantice la protección de la biodiversidad y apoye a las comunidades que dependen de estos ecosistemas vitales para la región.