El Monte Everest: entre la gloria de la cima y la sombra de su basura

Sustentabilidad

Desde la década de 1950, más de 4.000 personas han alcanzado la cima del Everest. Cada temporada, entre 600 y 800 escaladores intentan sumarse a esta lista, con un récord de 878 ascensos en 2019, según The Himalayan Database y Statista. En 2022, 715 personas llegaron a la cumbre, 435 de ellas sherpas y 280 miembros de expediciones. En 2023, Nepal emitió 454 permisos de ascenso, la cifra más alta registrada.

Sin embargo, cada escalador deja un promedio de 8 kilos de residuos, desde envases, tanques de oxígeno y cuerdas hasta desechos biológicos. Se estima que generan 250 gramos de excrementos diarios, lo que, en expediciones de varios días, contribuye a las 75 toneladas de basura por temporada, incluyendo 8.700 kilos de desechos de cocina, 7.700 kilos de latas y botellas, y 240.000 litros de orina que afectan el glaciar Khumbu. El parque nacional Sagarmatha, hogar del Everest, recibe más de 100.000 visitantes al año, intensificando el impacto ambiental. Solo en 2023, se generaron 84 toneladas de residuos, incluidas 40 toneladas de excrementos humanos, según el ejército nepalí.

De los sherpas a los drones: una limpieza a gran altura

Históricamente, los sherpas fueron los encargados de limpiar el Everest, transportando bolsas de basura desde alturas extremas en condiciones agotadoras. En 2022, la campaña Mountain Clean-up del ejército nepalí retiró 33.877 kilos de residuos de varias montañas, incluido el Everest. Sin embargo, la tecnología está transformando esta labor: Airlift Ventures, una empresa nepalí, ha implementado drones capaces de transportar 15 kilos por vuelo, operando a -20°C y con vientos de hasta 40 km/h. En la última temporada, retiraron 300 kilos de basura, según Popular Science, reduciendo el 70% de los desechos que antes bajaban a pie.

“En solo 10 minutos, un dron puede transportar tanta basura como 10 personas en seis horas”, destacó Tshering Sherpa, jefe del Sagarmatha Pollution Control Committee, a AFP. Los drones también han llevado suministros esenciales, como tanques de oxígeno, a más de 6.000 metros. Sin embargo, en zonas altas como el Campo IV (7.950 metros), donde se acumulan más de 1.000 kilos de basura, los drones no pueden operar debido a la baja densidad del aire, dejando la tarea a los sherpas.

Iniciativas para salvar el Everest

El gobierno de Nepal ha tomado medidas para mitigar la crisis. Desde 2014, cada escalador debe bajar 8 kilos de basura, con multas de 400 dólares por incumplimiento. En 2019, se implementó un depósito de 4.000 dólares, reembolsable solo si se cumple con esta regla. En 2024, se introdujeron bolsas biodegradables para transportar excrementos al campamento base. A pesar de estos esfuerzos, las expediciones Eco Everest recuperaron 15 toneladas de basura y 600 kg de desechos humanos desde 2008, pero aún quedan 140 toneladas en la montaña.

La dependencia económica del turismo, con 57.000 visitantes anuales entre 2018 y 2019 según el IUCN World Heritage, dificulta imponer restricciones más estrictas, perpetuando la degradación ambiental.

Un futuro para el Everest

Airlift Ventures planea expandir el uso de drones en el Everest y otras montañas como Ama Dablam y Manaslu, donde ya retiraron 640 kilos de basura. Mientras la tecnología y la logística enfrentan desafíos como la altitud y el clima, el Everest sigue siendo un símbolo de ambición humana y, a la vez, un recordatorio de su impacto. Quienes busquen alcanzar su cima deberán enfrentar no solo el hielo y el viento, sino también los restos congelados de una historia de descuido que clama por soluciones.