En las Islas Vírgenes de Estados Unidos, las botellas de Coca-Cola y PepsiCo dejaron de ser solo bebidas refrescantes para convertirse en símbolo de una crisis ambiental. En pleno 2025, el gobierno local dijo “¡basta!”, demandando a los gigantes de los refrescos por contaminar sus costas y engañar a los consumidores con promesas vacías de reciclaje. Esa batalla legal no solo enfrenta a corporaciones con una isla tropical, sino también a la verdad contra el “greenwashing”. Un tema que toca la vida marina, el turismo, la salud pública… y quizás hasta tu próxima bebida.
La demanda interpuesta por el Departamento de Licencias y Asuntos del Consumidor de las Islas Vírgenes acusa directamente a Coca-Cola y PepsiCo de contribuir significativamente al deterioro ambiental del archipiélago. Sus botellas de plástico de un solo uso están invadiendo playas, vertederos y ecosistemas marinos. Lo alarmante es que estos envases son presentados como “reciclables”, pero según el documento oficial, solo el 6% del plástico usado por Pepsi en 2022 fue reciclado; en el caso de Coca-Cola, apenas el 14%. La imagen idílica del Caribe está en juego. El turismo representa el 60% del PIB de estas islas, pero ¿quién quiere nadar entre botellas plásticas?
Distinción: el mayor contaminador global
Como hongos después de las lluvias, casos como este se multiplican en todo el mundo. Los más resonantes son la demanda a Coca-Cola en 2021 en el propio Estados Unidos por hacer afirmaciones engañosas sobre ser "sostenible" y "amigable con el ambiente", mientras seguía siendo el mayor contaminador plástico del mundo, según Break Free From Plastic. El caso fue llevado por Earth Island Institute, una ONG ambiental. Luego en 2023, en la Unión Europea (UE) varas ONGs denunciaron a Coca-Cola ante la Comisión Europea por publicidad engañosa en su patrocinio de eventos sostenibles como la COP27, mientras promovía productos plásticos de un solo uso. Y más tarde, en Filipinas, India, México y otros países se produjeron a acciones judiciales múltiples o quejas públicas por la contaminación de ríos y comunidades locales con botellas y residuos de la marca. Por algo, el Break Free From Plastic nombrado a Coca Cola "el mayor contaminador plástico global" por cinco años consecutivos (2018-2022).
En Argentina no hubo (todavía) demandas formales. Pero, en 2022 más de 200 integrantes de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR), junto con otras organizaciones, realizaron una protesta frente a las oficinas de Coca-Cola en Buenos Aires. Denunciaron que la empresa ejercía lobby para frenar la aprobación de la Ley de Envases, la cual buscaba implementar la responsabilidad extendida del productor en la gestión de residuos. Los manifestantes también señalaron que Coca-Cola es una de las principales generadoras de residuos plásticos en el país.
Greenwashing no refresca mejor (ni peor)
El greenwashing se convirtió en una de las prácticas más criticadas en el marketing actual. En este caso, se acusa a las embotelladoras de manipular la percepción pública, promoviendo campañas donde aseguran estar comprometidas con el medio ambiente, mientras ocultan su impacto real. Iniciativas como el uso de anillos de papel en Philadelphia o inversiones en agricultura sostenible son, según la demanda, insuficientes y fuera de contexto para las necesidades del Caribe. El gobierno local exige que se bloquee la continuidad de estas prácticas engañosas, amparándose en una ley federal de 1936 que prohíbe tácticas discriminatorias entre competidores.
Aunque las botellas digan “100% reciclables”, la realidad es muy distinta. En las islas del Caribe la infraestructura es limitada: hay solo dos vertederos, ambos prácticamente colapsados. Además, la falta de centros de reciclaje reales y accesibles convierte estas promesas en una ilusión de sostenibilidad. Una gran parte del plástico termina en el océano, rompiéndose en micro plásticos que afectan a peces, tortugas y corales, y amenazan directamente la salud humana. La demanda incluso señala que este tipo de contaminación podría estar vinculado a enfermedades como cáncer, demencia o problemas cardíacos.
El archipiélago no solo pierde biodiversidad, sino también ingresos. Las playas contaminadas afectan la experiencia de los visitantes, y eso se traduce en menos turistas, menos ingresos y más desempleo. Las imágenes de botellas flotando en aguas cristalinas se volvieron cada vez más frecuentes, afectando no solo al turismo, sino a la identidad misma del lugar.
Este caso no es un hecho aislado. Refleja una problemática global donde los países pequeños cargan con los desechos de los grandes productores. ¿Hasta cuándo seguirá esta desigualdad? Las Vírgenes alzaron du voz, pero detrás vienen más regiones afectadas por la contaminación plástica. La crisis climática no entiende de fronteras, y este juicio podría marcar un antes y un después en la manera en que las empresas deben rendir cuentas por el daño que causan.
La demanda de las Vírgenes contra Coca-Cola y PepsiCo no es solo un caso legal, es un llamado de atención para todos. Detrás de una etiqueta “verde” puede esconderse una realidad tóxica. El plástico de un solo uso, aunque tenga un símbolo de reciclaje, puede convertirse en una amenaza silenciosa para el planeta, especialmente en territorios vulnerables como este archipiélago. La pregunta que queda sin resolver es: ¿seguiremos aceptando la sostenibilidad como una campaña publicitaria, o exigiremos un compromiso en serio?