El olivo entra en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard junto a millones de variedades de cultivos clave para la humanidad

Sustentabilidad

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, el legendario refugio ártico apodado el Arca de Noé de las semillas, ha incorporado 1.000 muestras de olivo procedentes de España en su primer depósito de 2026, un avance histórico que protege la diversidad genética del cultivo mediterráneo emblemático frente al cambio climático, guerras y catástrofes. Esta acción se suma a un tesoro ya colosal: 1.386.102 muestras de semillas que representan miles de especies de casi todos los países, con énfasis en cultivos esenciales para la seguridad alimentaria global.

Ubicada bajo el permafrost del archipiélago noruego, a -18ºC y blindada contra desastres, la bóveda resguarda duplicados de bancos genéticos mundiales. Los cultivos más abundantes son los cereales y leguminosas básicos: arroz y trigo lideran con cientos de miles de accesiones cada uno, seguidos por cebada, sorgo, maíz, caupí (cowpea), soja, garbanzo, frijol Phaseolus, mijo perla, avena, centeno, patata, cacahuete, alfalfa y familias como Brassica (coles, mostazas), hortalizas, frutas y parientes silvestres. Depósitos recientes incluyen variedades indígenas de maíz y frijol de Guatemala, sorgo y parientes silvestres del cacahuete de India, arroz del IRRI, vegetales del World Vegetable Center, árboles africanos como el baobab y cultivos tradicionales de diversos continentes.

“Sin variabilidad genética no es posible crear variedades resistentes a los desafíos actuales”, subraya Concepción Muñoz, profesora titular de Agronomía de la Universidad de Córdoba. Por su parte, Abderraouf Laajimi, director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional (COI), destaca que esta iniciativa “asegura que la humanidad pueda alimentarse en el futuro con el aceite de oliva, la mejor grasa vegetal”, contribuyendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba, añade que las semillas permitirán “repoblar zonas devastadas” en caso de desaparición de los olivares.

El proceso de envío fue meticuloso: los frutos se recolectaron entre octubre y noviembre de 2024, se procesaron en laboratorios para extraer las semillas, se conservaron en recipientes herméticos y se enviaron en cajas especiales pese a una tormenta de nieve que impidió la llegada completa de la delegación española. Las muestras se revisarán en diez años para verificar su germinación; de lo contrario, se reemplazarán. El ministro de Agricultura, Luis Planas, lo califica como “salvaguarda del patrimonio fitogenético para las generaciones futuras”.

Con este depósito —que incluye variedades cultivadas clave y acebuches silvestres—, España, líder mundial en aceite de oliva, fortalece la resiliencia agrícola planetaria. En un contexto de sequías extremas y pérdida de biodiversidad, la Bóveda de Svalbard se consolida como el seguro definitivo para el futuro de la alimentación humana.