Brasil e India unen fuerzas en tierras raras y minerales críticos: En un contexto de tensiones geopolíticas con China y Estados Unidos, el presidente Lula da Silva sella un memorando en Nueva Delhi para impulsar la cooperación en energías renovables y recursos estratégicos, priorizando la soberanía brasileña en la extracción y refinación.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha consolidado una alianza estratégica con India durante su visita a Nueva Delhi. Este encuentro con el primer ministro Narendra Modi no solo fortalece los lazos bilaterales, sino que posiciona a Brasil como un actor clave en la carrera por las tierras raras y minerales críticos, esenciales para la transición energética y la tecnología avanzada.
El memorando de intenciones firmado hoy representa un "paso importante hacia cadenas de suministro resilientes", según palabras de Modi, quien enfatizó la confianza mutua y la alineación estratégica. Lula, por su parte, destacó la expansión de inversiones en energías renovables y minerales estratégicos, afirmando: “La cooperación en el sector de las energías renovables y los minerales críticos está en el centro de este acuerdo pionero”. Sin embargo, expertos advierten que este pacto es solo el inicio de un diálogo que podría tardar en traducirse en resultados operativos concretos.
Brasil, poseedor de la segunda mayor reserva mundial de tierras raras después de China, emerge como un proveedor alternativo en un escenario donde India busca reducir su dependencia de Pekín. Estos elementos químicos, como el neodimio, son vitales para la fabricación de turbinas eólicas, vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos. La visita de Lula, acompañada por 11 ministros y un centenar de empresarios, marca la segunda en su tercer mandato y responde a la creciente reorganización de las cadenas de suministro globales, impulsada por el pulso entre Washington y Pekín.
El comercio bilateral, que alcanzó los 4.030 millones de dólares en el último año, se centra en exportaciones brasileñas como azúcar y aceite de soja, e importaciones de fertilizantes. Pero ahora, los minerales críticos –incluyendo litio, níquel y cobalto– toman protagonismo. Empresas como Embraer han sellado acuerdos para producir aviones en India, mientras que el Ministerio de Salud brasileño planea invertir en componentes para hospitales inteligentes con inteligencia artificial.
En el fondo, late una cuestión de soberanía. Lula rechaza presiones externas, como las de la administración Trump, que busca una alianza antichina para controlar la producción y precios de estos recursos. En una entrevista reciente, el mandatario brasileño fue tajante: “Prefiero negociar de manera soberana, para que el proceso de transformación de estos minerales esenciales se realice en nuestro país, y no en el exterior. Venderemos a quien queramos”. Brasil envió solo un diplomático a una reciente reunión en Washington, interpretando la propuesta como una "camisa de fuerza" para intereses estadounidenses.
Mientras tanto, China intensifica su presencia en el subsuelo brasileño, con adquisiciones como la de Chinalco en aluminio y minas de oro. Las exportaciones de tierras raras a Pekín se triplicaron en 2025. En casa, Brasil enfrenta desafíos: solo produce el 1% mundial pese a sus reservas, con 12 minas autorizadas y proyectos en fase inicial, como el de Serra Verde Mineração.
Un estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) alerta sobre la necesidad de atraer inversiones para competir globalmente, criticando la falta de un programa coherente para la reindustrialización. Medios como O Estado de São Paulo denuncian que, sin estrategias claras, Brasil caerá en la "trampa del neoextractivismo".
El costo humano no es menor: una reciente decisión del Supremo Tribunal Federal autoriza la explotación en territorios indígenas como los de los Cinta Larga, exigiendo control comunitario, pero dejando interrogantes sobre sus derechos reales.
Esta alianza con India podría catapultar a Brasil hacia una prosperidad sostenible, pero exige equilibrar soberanía, medio ambiente y geopolítica en un mundo donde los minerales estratégicos definen el poder.