La Unión Europea dio un giro inesperado en su agenda ambiental al anunciar la eliminación de la prohibición de motores de combustión para 2035, en medio de un "reinicio global" en la adopción de vehículos eléctricos. Esta decisión, que busca equilibrar la transición energética con las demandas del sector automotor, podría marcar el fin de una era de políticas verdes estrictas, impulsando búsquedas como "prohibición motores combustión UE 2035" y "retroceso vehículos eléctricos Europa".
La Comisión Europea presentó el martes un plan para levantar la veda efectiva sobre nuevos automóviles con motores de combustión, cediendo a la intensa presión de la industria automovilística regional. Este retroceso, el más significativo en las "políticas verdes" del bloque en años, aún necesita el visto bueno de los gobiernos de la UE y el Parlamento Europeo. Fabricantes de Alemania e Italia, potencias industriales, habían exigido una flexibilización para mantener la competitividad frente a gigantes como Tesla y productores chinos como BYD, Geely, Great Wall y Chery.
El nuevo enfoque permitiría la venta continua de vehículos no eléctricos, incluyendo híbridos enchufables y de "autonomía extendida" que consumen combustible. "Abrir el mercado a vehículos con motores de combustión, compensando las emisiones, es pragmático y se ajusta a las condiciones del mercado", declaró Volkswagen, el mayor fabricante europeo por volumen, al calificar la propuesta como "económicamente sólida" y elogiar el apoyo a vehículos eléctricos pequeños y objetivos más flexibles para 2030.
Sin embargo, la medida ha generado críticas feroces. Dominic Phinn, director de transporte del Climate Group, la tildó de "victoria trágica" para la industria tradicional sobre los autos eléctricos. "La dilución de la eliminación gradual de motores de gasolina y diésel va en contra de empresas líderes que invierten miles de millones en flotas eléctricas y necesitan estabilidad", advirtió. Según la propuesta, los objetivos de la UE pasarían a una reducción del 90% en emisiones de CO2 respecto a 2021, en lugar del 100% cero emisiones para automóviles y vans nuevos desde 2035.
Los fabricantes deberán compensar emisiones restantes con acero bajo en carbono producido en la UE y combustibles electrónicos sintéticos o biocombustibles no alimentarios, como residuos agrícolas o aceite de cocina usado. Además, se otorga un plazo de tres años (2030-2032) para reducir emisiones de automóviles en un 55% respecto a 2021, mientras que para furgonetas baja del 50% al 40%.
Esta decisión llega tras anuncios similares en otros mercados, como el de Ford en Estados Unidos, que recortó 19.500 millones de dólares en modelos eléctricos ante políticas de la administración Trump y una demanda debilitada. La consultora Jefferies describió el panorama como un "reinicio global" para los vehículos eléctricos, pasando de un "corte limpio" a un sistema más flexible, lo que podría ser un punto de inflexión en la transición europea.
Fabricantes como Volkswagen y Stellantis, representados por la ACEA, ven esto como una "gran oportunidad", pero advierten sobre la débil demanda de eléctricos y piden reducir multas por incumplimiento. En Alemania, bajo presión por perder terreno en China ante rivales locales e importaciones chinas, Hildegard Mueller de la VDA criticó que las medidas no son suficientes y imponen nuevos requisitos en acero verde y combustibles renovables. "En tiempos de creciente competencia internacional, este paquete de Bruselas es fatal", sentenció.
Por el contrario, la industria de vehículos eléctricos alerta que flexibilizar objetivos socavaría inversiones en infraestructura de carga y dejaría a Europa rezagada frente a China. Michael Lohscheller, de Polestar, enfatizó: "Pasar del 100% al 90% puede parecer poco, pero perjudicará el clima y la competitividad europea". William Todts, de T&E, agregó: "Aferrarse a los motores de combustión no hará grandes a los fabricantes europeos".
La Comisión también planea impulsar vehículos eléctricos en flotas corporativas, que representan el 60% de ventas nuevas, con objetivos nacionales basados en PIB per cápita. Además, creará una categoría para vehículos eléctricos pequeños con reglas más livianas y créditos adicionales si se fabrican en la UE, inspirados en exenciones fiscales como las de Bélgica.
Este viraje podría redefinir el futuro automotor, equilibrando sostenibilidad y economía, pero ¿salvará a Europa de la dominancia china o retrasará la lucha contra el cambio climático?
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