En las tierras de Indonesia, el cultivo de pachulí es un pilar económico para más de 50.000 agricultores como Hardi, quien obtiene 1.400.000 rupias (86 dólares) por kilogramo de aceite esencial. Este ingreso, que representa aproximadamente el 60% del sustento anual de familias rurales en regiones como Sulawesi y Sumatra, cubre necesidades básicas. Sin embargo, el costo ambiental es severo. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura de Indonesia, el cultivo intensivo de pachulí contribuye a la pérdida de 15.000 hectáreas de bosque al año, equivalente al 2% de la deforestación total del país. La razón radica en la naturaleza del cultivo: el pachulí solo puede plantarse dos ciclos consecutivos en la misma tierra antes de que el suelo se degrade, forzando a los agricultores a talar hasta 20 hectáreas adicionales por comunidad cada tres años para mantener la producción.
Hardi, al igual que el 85% de los productores de pachulí, opera al margen de la cadena de suministro global. Tras vender su aceite a destilerías locales, pierde el control de su producto. Según la Asociación Indonesia de Aceites Esenciales, el 90% de la producción nacional de pachulí, que alcanzó las 2.500 toneladas en 2024, se canaliza a través de exportadores en la isla de Java. Desde allí, el aceite llega a mercados internacionales, principalmente Europa (45%) y Norteamérica (30%), para su uso en perfumes y cosméticos, generando ingresos por 220 millones de dólares anuales. Sin embargo, este comercio lucrativo tiene un costo oculto: la deforestación masiva y el riesgo de desastres naturales. En Sulawesi, por ejemplo, el 70% de las áreas deforestadas para pachulí entre 2018 y 2023 no fueron reforestadas, según un estudio de la Universidad de Hasanuddin.
Práctica insostenible
Manggazali, representante de la agencia ambiental local, alerta sobre las consecuencias de estas prácticas insostenibles. “El cultivo de pachulí, si no se regula, puede provocar deslizamientos de tierra e inundaciones que afectan a comunidades enteras”, afirma. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que la deforestación en Indonesia incrementó el riesgo de deslizamientos en un 35% en los últimos 20 años, afectando directamente a 1,2 millones de personas en áreas rurales. Además, el Banco Mundial estima que los desastres relacionados con la deforestación causaron pérdidas económicas por 3.500 millones de dólares entre 2015 y 2024. Manggazali subraya que el precio del aceite de pachulí no compensa los costos ambientales y sociales a largo plazo.
Para contrarrestar esta tendencia, Manggazali propone reemplazar el pachulí con cultivos sostenibles. “Sustituir el pachulí por árboles productivos como el durián no solo tiene un alto valor económico, sino que contribuye a la reforestación”, explica. El durián es una fruta exótica del sudeste asiático, conocida por su cáscara gruesa y espinosa, y su pulpa cremosa, que es muy apreciada por su sabor. Pero tiene un problema: su penetrante y desagradable olor, a veces comparado con el de una cebolla o un calcetín usado hace que no entusiasme a los agricultores. Considerado el "rey de las frutas", el durián es rico en nutrientes como fibra, vitaminas y minerales, y se consume maduro, ya sea fresco o en preparaciones dulces y saladas. Debido a su fuerte aroma, está prohibido en muchos hoteles, lugares públicos y medios de transporte en el sudeste asiático. El fruto generó exportaciones por 1.800 millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual del 12% en los mercados asiáticos, según el Banco Mundial. Un solo árbol de durián puede producir hasta 200 frutos por temporada y vivir hasta 80 años, ofreciendo ingresos sostenibles sin degradar el suelo. En contraste, el pachulí agota los nutrientes del suelo en apenas 18 meses, según datos de la Universidad Agrícola de Bogor.
La transición hacia cultivos sostenibles enfrenta desafíos. Los agricultores como Hardi requieren una inversión inicial de aproximadamente 10 millones de rupias (615 dólares) por hectárea para plantar árboles frutales, y deben esperar 3 a 5 años para obtener ingresos significativos. Además, solo el 15% de los agricultores en regiones productoras de pachulí tiene acceso a programas de capacitación en cultivos alternativos, según la FAO. Sin embargo, con el respaldo de políticas públicas y programas de reforestación que ya han recuperado 50.000 hectáreas en Sumatra entre 2020 y 2024, Indonesia tiene la oportunidad de equilibrar la prosperidad económica con la conservación ambiental, asegurando un futuro más verde para sus comunidades rurales.