Estados Unidos planea lanzar un fondo de USD 5.000 millones para invertir en la minería de recursos estratégicos como cobre, cobalto y tierras raras, esenciales para la transición energética y la industria tecnológica, según un artículo publicado el 17 de septiembre de 2025 en Dólar Hoy. Este ambicioso proyecto busca contrarrestar el dominio de China en el procesamiento de estos minerales y garantizar el suministro para la economía estadounidense.
La Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (DFC) negocia una empresa conjunta con Orion Resource Partners, una firma neoyorquina que gestiona USD 8.000 millones en activos. Ambas partes aportarían montos iguales para alcanzar la cifra mencionada, en lo que sería la mayor operación en la historia de la DFC, creada durante el primer mandato de Donald Trump.
El fondo responde a preocupaciones inmediatas sobre la hegemonía china en la minería global, que procesa la mayoría de los minerales críticos y adquiere activos en el extranjero. A largo plazo, la iniciativa aborda la escasez prevista debido a yacimientos de menor calidad, falta de inversión y largos procesos de permisos.
Proyectos previos de la DFC, bajo las administraciones de Trump y Biden, incluyen USD 150 millones a Syrah Resources en Mozambique, proveedora de Tesla, y más de USD 550 millones para el Corredor de Lobito en África, clave para exportar cobre y cobalto. Además, Estados Unidos muestra interés en la República del Congo, el mayor productor mundial de cobalto, donde Orion negocia la compra de Chemaf Resources para evitar su adquisición por la china Norinco.
Esta estrategia busca fortalecer la seguridad de suministro, crear reservas estratégicas y reducir la dependencia de China, combinando capital público y privado. Con planes para ampliar la capacidad de inversión de la DFC, la Casa Blanca apuesta por consolidar la cadena de suministro de minerales críticos en un contexto de creciente competencia global.
Implicaciones ambientales de la medida
Aunque el fondo promueve la transición energética, el aumento en la extracción de minerales críticos podría tener impactos ambientales significativos. La minería de cobre, cobalto y tierras raras es intensiva en agua y puede causar contaminación del agua, suelo y aire mediante el uso de químicos y la generación de residuos tóxicos. Más del 50% de la producción actual de cobre y litio se encuentra en áreas con alto estrés hídrico, lo que agrava la escasez de agua y aumenta la vulnerabilidad a riesgos climáticos como sequías o inundaciones.
La extracción constante también contribuye a la deforestación, pérdida de biodiversidad y degradación de paisajes, especialmente en regiones como África y América Latina, donde se concentran estos yacimientos. Además, el procesamiento de estos minerales genera emisiones de gases de efecto invernadero y, debido al declive en la calidad de los yacimientos, requiere más energía, incrementando los costos ambientales y la producción de desechos.
Sin embargo, con la implementación de prácticas sostenibles y regulaciones estrictas, esta inversión podría mitigar algunos daños, promoviendo tecnologías más limpias y el reciclaje para reducir la dependencia de nueva extracción. A largo plazo, al facilitar la adopción de energías renovables, podría contribuir a una reducción neta en la contaminación global, aunque el riesgo de sobreexplotación de recursos no renovables persiste si no se gestiona adecuadamente.