Miles de ecuatorianos marcharon en Cuenca contra el proyecto minero Loma Larga

Sustentabilidad

Una multitud estimada entre 80.000 y 100.000 personas se congregó en la ciudad de Cuenca, al sur de Ecuador, en una de las protestas más grandes de los últimos años, según reportó la agencia AFP. La manifestación, que desafió las restricciones del estado de excepción vigente en siete provincias, incluyendo Azuay, tuvo como objetivo principal rechazar el proyecto minero Loma Larga, impulsado por la empresa canadiense Dundee Precious Metals.

La marcha, convocada por ciudadanos y organizaciones sociales, se centró en la defensa del páramo de Quimsacocha, una vital reserva hídrica para Cuenca, amenazada por las actividades extractivas del proyecto minero. Estudiantes, obreros, adultos mayores y comunidades indígenas se unieron en una demostración sin precedentes, ocupando el centro histórico de la ciudad durante horas con pancartas que proclamaban consignas como “el páramo es cuna de vida” y “Quimsacocha no se toca”. La jornada culminó en la catedral local, donde el cardenal Luis Cabrera llamó a proteger el entorno natural durante una misa.

El proyecto Loma Larga, operado por Dundee Precious Metals, busca explotar un yacimiento que contiene principalmente oro, plata y cobre. Según estudios preliminares, la mina tiene el potencial de producir miles de onzas de oro anualmente, lo que la convierte en un proyecto de interés económico para la empresa y el gobierno ecuatoriano. Sin embargo, su ubicación en el páramo de Quimsacocha, un ecosistema frágil de humedales de altura, ha generado una fuerte oposición. Los páramos actúan como esponjas naturales que regulan el flujo de agua, proporcionando hasta el 70% del agua potable para Cuenca y sus alrededores.

Diversos grupos sociales y ambientales han advertido que las operaciones mineras podrían causar impactos ambientales severos, incluyendo la contaminación de fuentes de agua con metales pesados como mercurio y cianuro, utilizados frecuentemente en la extracción de oro. Además, la remoción de grandes cantidades de suelo y roca podría alterar el equilibrio hídrico del páramo, reduciendo la capacidad de almacenamiento de agua y afectando a las comunidades agrícolas y urbanas que dependen de estos recursos. Los manifestantes también señalaron el riesgo de daños irreversibles a la biodiversidad, ya que el páramo alberga especies endémicas y es un ecosistema crítico para la regulación climática.

El proyecto Loma Larga se ha convertido en un símbolo de la tensión entre el desarrollo extractivo y la protección ambiental. El alcalde de Cuenca, Cristian Zamora, destacó la magnitud de la movilización, afirmando que la ciudad “dio un mensaje al mundo” sobre la importancia de preservar la naturaleza. La oposición al proyecto no es nueva: desde su anuncio, ha enfrentado resistencia de las comunidades locales, que en 2008 lograron una consulta popular en la que el 92% de los votantes rechazaron actividades mineras en la región.

Pese a las restricciones del estado de excepción, que prohíbe reuniones públicas, las autoridades mantuvieron el derecho a la protesta pacífica, siempre que no vulnere los derechos de terceros. La jornada en Cuenca reflejó la profunda preocupación por el impacto ambiental de la minería y marcó un hito en la lucha por la protección de los recursos naturales y los derechos de las comunidades locales.