La Segunda Cumbre Africana sobre el Clima, celebrada esta semana en Adís Abeba, ha marcado un hito crucial en el camino hacia la COP30. Los líderes africanos han enviado un mensaje claro al mundo: las promesas ya no bastan. África, con su inmenso potencial ecológico, reclama inversiones reales, financiación accesible y medidas concretas para liderar la lucha global contra el cambio climático.
Tras el éxito de la primera cumbre en Nairobi en 2023, que posicionó al continente como un motor de soluciones climáticas, esta nueva reunión refuerza la urgencia de actuar. África no se presenta como víctima, sino como una fuerza motriz con el 60% de los mejores recursos solares del mundo, el 60% de la tierra cultivable restante, el 40% de las reservas minerales críticas y una economía azul que genera 300.000 millones de dólares al año con potencial para superar el billón de dólares.
La cumbre, celebrada en un contexto de fragmentación geopolítica y en vísperas de la Cumbre Unión Africana–Unión Europea en Luanda este noviembre, ha establecido tres prioridades clave:
- Fortalecer la capacidad de acción de África: Esto implica permitir que el continente defina sus propias normas comerciales y políticas industriales verdes, movilizar capital nacional y diseñar planes de inversión locales. El liderazgo comunitario, impulsado por mujeres y jóvenes, es esencial para superar barreras como los altos costes de la deuda y los cuellos de botella normativos.
- Crear coaliciones efectivas: Se necesitan alianzas sólidas entre África y Europa que vayan más allá de las palabras. Esto incluye desarrollar herramientas financieras como garantías y financiación combinada, eliminar subvenciones a combustibles fósiles y garantizar que los grandes contaminantes asuman su responsabilidad mediante gravámenes solidarios.
- Reformar las finanzas globales: El sistema actual, que castiga a los países más vulnerables al clima, debe transformarse. Los criterios de financiación deben considerar la vulnerabilidad climática, las cuotas del FMI y el poder de voto en el Banco Mundial deben reflejar una mayor representación africana, y la gestión de la deuda debe incluir suspensiones en crisis y priorizar la resiliencia climática.
Como destacó André Corrêa do Lago, presidente designado de la COP30 en Brasil, en la reciente Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo en Sevilla, “es hora de pasar de la negociación a la acción”. África, con su población joven (que representará el 40% de la juventud mundial en 2030) y sus ventajas ecológicas, no solo es clave para alcanzar el cero emisiones netas, sino que ofrece al mundo la mejor oportunidad para lograrlo. La colaboración internacional no es una opción, sino una necesidad urgente.