El dióxido de carbono (CO₂) ha sido durante años el villano principal del cambio climático, pero un nuevo estudio internacional pone el foco en un enemigo aún más potente: el metano (CH₄). Este gas de efecto invernadero, con un poder de calentamiento hasta 80 veces mayor que el CO₂ en sus primeros 20 años en la atmósfera, está aumentando a un ritmo alarmante y sin señales de detenerse. ¿La buena noticia? Su corta vida atmosférica ofrece una oportunidad única para frenar el calentamiento global de forma inmediata.
Un gas que calienta rápido y fuerte
Según un estudio publicado en Nature Communications por las Universidades de Birmingham y Groningen, las emisiones globales de metano no solo crecen, sino que lo hacen a una velocidad récord en los últimos cinco años. Este gas, responsable del 30% del calentamiento global desde la era preindustrial, tiene una vida atmosférica de solo 7 a 12 años, pero su capacidad para atrapar calor lo convierte en un acelerador clave del cambio climático a corto plazo. En un siglo, una molécula de metano equivale a 30 veces el impacto del CO₂.
¿De dónde viene el problema?
El análisis, que abarca datos de 164 países y 120 sectores económicos entre 1990 y 2023, señala a Asia y el Pacífico en desarrollo como los principales responsables del aumento, impulsado por la industrialización, el crecimiento demográfico y la agricultura intensiva. Las fuentes más críticas incluyen:
- Agricultura: El ganado (vacas, ovejas, cerdos) y el manejo de estiércol son los mayores emisores. La creciente demanda de carne roja agrava el problema.
- Sector energético: Fugas en la producción y distribución de petróleo, gas natural y carbón liberan grandes cantidades de metano.
- Residuos: Los rellenos sanitarios, donde los desechos orgánicos se descomponen sin oxígeno, son la tercera fuente en países como Estados Unidos.
- Fuentes naturales: Humedales, termitas, océanos y volcanes también contribuyen, aunque el 50-65% de las emisiones provienen de actividades humanas.
El comercio global y su huella invisible
Un hallazgo sorprendente del estudio es que el comercio internacional genera cerca del 30% de las emisiones de metano. Las economías en desarrollo, al integrarse en cadenas de suministro globales, enfrentan una carga ambiental desproporcionada, a menudo sin las tecnologías necesarias para mitigar fugas o mejorar la gestión de residuos. Esto pone en evidencia que el consumo global traslada el impacto a regiones menos preparadas.
Tecnología al rescate
La NASA y otras instituciones están desplegando herramientas avanzadas para rastrear el metano con precisión. El espectrómetro AVIRIS-NG y el instrumento EMIT en la Estación Espacial Internacional han identificado “superemisores” de metano, como fugas en gasoductos o vertederos. Estas tecnologías permiten actuar de inmediato, reparando equipos defectuosos y reduciendo emisiones en tiempo real.
El Ártico: una amenaza latente
El deshielo del permafrost en el Ártico preocupa especialmente. Este proceso libera metano atrapado durante milenios, con el potencial de desencadenar una “bomba de metano” que acelere aún más el calentamiento. Aunque las emisiones de la tundra no han aumentado de forma sostenida, el riesgo sigue siendo alto.
Una oportunidad única
A diferencia del CO₂, que persiste durante siglos, el metano desaparece en una o dos décadas. Esto significa que reducir sus emisiones hoy puede frenar el calentamiento en el corto plazo, ofreciendo un respiro mientras se abordan soluciones a largo plazo. Los expertos proponen:
- Detectar y reparar fugas en la industria energética.
- Mejorar la dieta del ganado para reducir emisiones.
- Optimizar la gestión de residuos en vertederos.
- Fomentar dietas con menos carne roja.
¿Y los compromisos internacionales?
El Global Methane Pledge, firmado en 2021 por 155 países para reducir emisiones en un 30% hacia 2030, enfrenta un desafío: el aumento récord de metano en los últimos años revela una brecha entre promesas y resultados. Como señala Yuli Shan, de la Universidad de Birmingham, “las reducciones actuales pueden tener un impacto inmediato, pero requieren acción coordinada, especialmente en regiones en desarrollo”.
Un termómetro del compromiso climático
El metano no solo acelera el calentamiento, sino que su reducción trae beneficios inmediatos: aire más limpio, menos muertes por contaminación (cerca de un millón al año) y un freno al aumento de la temperatura global. Actuar contra este gas es una oportunidad para ganar tiempo y avanzar hacia soluciones estructurales frente al CO₂.
La urgencia es clara: el metano es un problema que podemos abordar ahora, y cada acción cuenta.