Suecia sorprendió al Mundo con una fuerte apuesta a la energía nuclear

Energías Limpias

La compañía energética estatal sueca Vattenfall sorprendió al Mundo, al anunciar anteayer que apostará a la energía nuclear. Después de 40 años dando la espalda a este tipo de energía, el país anunció que retomará la construcción de nuevos reactores para hacer frente a la situación de suministro energético y a las nuevas condiciones de seguridad. Su idea es adquirir reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés) para su primer nuevo proyecto nuclear. Lo paradójico es que Suecia es considerada como uno de los países más “ecológicos” o “verdes” de Europa, con el 15 % de su superficie protegida que incluye 30 parques nacionales.

Lo concreto es que Suecia quiere multiplicar por tres su producción nuclear en las dos próximas décadas para poder duplicar, a su vez, en 2045 la producción eléctrica y asegurar así un suministro más estable. Cerca de una cuarta parte de la energía de la UE es nuclear y más de la mitad se produce en Francia. En total, hay más de 150 reactores en funcionamiento en los 27 Estados miembros. Sin embargo, en todo el bloque hay diversas opiniones sobre el uso de la energía nuclear. La preocupación por la seguridad tras anteriores catástrofes de gran repercusión - recordar casos emblemáticos como Chernobyl y Kyshtym (en la Unión Soviética); Windscale (en Gran Bretaña); Three Mile Island (en Estados Unidos) o Tokaimura. (en Japón) -, convirtieron a la energía nuclear en un tema controvertido. Suecia fue el primer país en el que se propuso, en 1988, el abandono de la energía nuclear.

Desconectar o conectar

En 1997, el Riksdag, el parlamento sueco, votó la primera desconexión, de uno de los reactores nucleares de Barsebäck, el 1 de julio de 1998, y el segundo antes de julio de 2001. Estableció como condición de que su producción de energía fuese previamente compensada por otros sistemas.

Tras un proceso progresivo de desconexiones, la energía nuclear representa actualmente aproximadamente el 30% del suministro eléctrico nacional y quedan tres centrales operativas en el país, con un total de seis reactores en funcionamiento. Estas centrales son las de Forsmark, Oskarshamn y Ringhals.

En Ringhals, en la costa oeste de Suecia, funcionan actualmente dos reactores de agua a presión de diseño clásico, de los que Vattenfall posee casi el 70% y que deberán permanecer en funcionamiento durante al menos 20 años, posiblemente hasta 2060 o 2065.

Triplicar la producción

Suecia quiere triplicar su producción nuclear en las dos próximas décadas para poder duplicar, a su vez, en 2045 la producción eléctrica y asegurar así un suministro más estable. El actual proyecto SMR es el preludio de una nueva planificación nacional en esta dirección. El conservador Ulf Kristersson llegó al gobierno en 2022 con la promesa de recuperar la energía nuclear antes del final de la legislatura, hasta 2026, y estas nuevas instalaciones anunciadas, en la costa oeste, tendrán una potencia de 1.500 megavatios, pera lo que serán necesarios cinco reactores GE Vernova o tres SMR de Rolls-Royce. Con un tiempo de funcionamiento anual de 8.000 horas, un sistema de esta capacidad podría producir alrededor de 12 teravatios-hora (TWh) de electricidad. Se espera que el primer reactor pequeño en suelo sueco se conecte a la red ya en 2035. “El proceso de construcción de nuevos reactores nucleares dió un gran paso adelante y existe un proyecto claro y viable en la península de Värö”, celebró Tom Erixon, presidente de Industrikraft, que solicitará la participación estatal en el riesgo, por lo que “será crucial que existan condiciones políticas estables a largo plazo”.

El Riksdag aprobó en mayo una nueva ley para impulsar la construcción de nuevos reactores a través de préstamos estatales. Se trata de una ayuda económica para el equivalente a cuatro grandes reactores (5.000 megavatios) con un precio estimado de al menos 37 millones de euros, de los que el Estado financiaría el 75 % a través de préstamos en condiciones favorables. La ley, que entró en vigor el 1 de agosto, no especifica el coste total de los reactores ni establece ningún tope para la cuantía de los préstamos, lo que ha provocado críticas de la oposición, que también denuncia que no se apueste por las energías renovables.

Ruido opositor

La oposición sueca preferiría la creación de incentivos fiscales para la expansión de la energía solar y eólica, así como aumentar la eficiencia de las centrales hidroeléctricas existentes. Solo con la promoción de las energías renovables se podrían reducir los altos precios de la electricidad para los consumidores, especialmente en el sur del país. Los Verdes rechazan los planes por considerarlos “completamente poco realistas”. Su portavoz, Linus Laakso, se refiere a “largos procedimientos de aprobación, especialmente porque la Comisión Europea también tiene algo que decir”, y a «costes que podrían salirse de control porque el Gobierno está confiando en una tecnología que aún está en desarrollo.

Pero el mayor grupo parlamentario, el de los socialdemócratas, está dispuesto a hablar, al igual que los sindicatos. Nadie quiere entrar en la próxima campaña electoral con el tema todavía abierto. Kristersson llamó a un consenso nacional sobre la cuestión de la energía nuclear y comparó la decisión con la renuncia de país a su propia neutralidad y unirse a la OTAN , a consecuencia de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania .”La economía ahora espera que la política se reúna y cree condiciones marco a largo plazo”, advirtió el primer ministro sueco. Vattenfall adelantó que solicitará oficialmente un préstamo estatal y que garantizará un precio de compra de la energía nuclear durante al menos cuatro décadas, independientemente del nivel real del mercado.

Porqué atómica

En el caso de Suecia, la elección de los SMR obedece a motivos técnicos, financieros y logísticos, explicó la compañía, que deberá decidir entre dos fabricantes: la estadounidense Vernova o, la británica Rolls Royce. Vattenfall planea un proyecto con cinco reactores de Vernova, o tres de Rolls Royce, con una potencia conjunta de 1.500 megavatios en la central de Ringhals (suroeste), que podría empezar a funcionar a mediados de la próxima década. En ese proyecto participa también Industrikraft, una organización que agrupa a 17 grandes empresas suecas de varios sectores, entre ellas, Volvo, Alfa Laval, Boliden y Stora Enso. La compañía estatal sueca informó también de que estudia construir más reactores en Ringhals, con una capacidad total de 1.000 megavatios.

La apuesta por la energía nuclear, en lugar de las energías renovables, es una de las líneas maestras del Gobierno del conservador Ulf Kristersson desde que asumió el poder a finales de 2022. El Ejecutivo sueco había prometido comenzar a construir nuevos reactores antes del fin de la legislatura (dentro de un año), pero Vattenfall resaltó que no se tomará una decisión definitiva sobre la inversión del proyecto de Ringhals antes de 2029. “Ahora ocurrirá con nueva energía nuclear. Suecia tendrá un suministro eléctrico más estable, competitivo y respetuoso con el medio ambiente”, consignó Kristersson en su cuenta en la red X. En una rueda de prensa Kristersson resaltó la necesidad de estabilidad política para el desarrollo del proyecto.

El Parlamento sueco (Riksdag) aprobó en mayo una nueva ley para impulsar la construcción de nuevos reactores a través de préstamos estatales, y un precio mínimo garantizado por la electricidad producida. Se trata de una ayuda económica para el equivalente a cuatro grandes reactores (5.000 megavatios), con un precio estimado de, al menos, 400.000 millones de coronas suecas (42.100 millones de dólares), de los que el Estado financiaría el 75 % a través de préstamos en condiciones favorables. La ley, que entró en vigor el 1 de agosto, no especifica el coste total de los reactores, ni establece ningún tope para la cuantía de los préstamos, lo que provocó críticas de la oposición, que también denuncia que no se apueste por las energías renovables. Suecia quiere multiplicar por tres su producción nuclear en las dos próximas décadas para poder duplicar, a su vez, en 2045 la producción eléctrica y asegurar así un suministro más estable.