La caída de la inmigración en Estados Unidos, provocada por las duras medidas de la Administración Trump, está lastrando el crecimiento poblacional de las principales ciudades de Estados Unidos y sus áreas metropolitanas. Según los datos actualizados de la Oficina del Censo publicados este jueves, el ritmo de expansión demográfica en 2025 se ha desplomado al 0,6% en promedio, frente al 1,1% registrado en 2024, lo que representa un golpe directo a la recuperación urbana post-pandemia y alerta sobre los riesgos de un estancamiento demográfico en un país con envejecimiento poblacional acelerado.
De las 387 áreas metropolitanas analizadas, 310 experimentaron un menor crecimiento que el año anterior. La ciudad de Nueva York, que lideraba el ranking en 2024, cayó al puesto 13 en 2025, mientras que potencias como Houston y Dallas-Fort Worth en Texas, junto a Atlanta, Phoenix y Charlotte, encabezaron la lista de expansiones. Sin embargo, las zonas fronterizas con México sufrieron los mayores descalabros: en Laredo (Texas) el aumento pasó del 3,2% al 0,2%; en Yuma (Arizona), del 3,3% al 1,4%; y en El Centro (California) la población incluso se contrajo un 0,7% tras un alza previa.
Nueve de cada diez condados registraron niveles de inmigración inferiores a los de 2024. Además, casi ocho de cada diez condados que crecieron entre 2023 y 2024 vieron cómo su dinámica se desaceleraba o revertía. Los grandes centros urbanos perdieron población por migración interna neta (un total de 119.205 habitantes en las áreas metropolitanas), aunque el crecimiento natural y los nacimientos entre la población latina compensaron parcialmente las pérdidas. Un 65% de los condados ya registra más defunciones que nacimientos, un patrón que se mantiene desde hace años y que convierte a la inmigración en el principal motor demográfico del país.
La Oficina del Censo atribuye este frenazo directamente a la ofensiva antiinmigratoria de la segunda Administración Trump: cierre prácticamente total de la frontera, aumento de detenciones por parte de ICE y el anuncio de las mayores deportaciones de la historia. Estas políticas, que incluyen perfiles raciales en las redadas, han desincentivado la llegada de extranjeros, especialmente latinos, histórico pilar del crecimiento poblacional en las ciudades de Estados Unidos. “Los condados más grandes, como los del área metropolitana de Nueva York, suelen ser centros de migración internacional, pero pierden residentes por migración interna. Con menores ganancias internacionales, su crecimiento se reduce o incluso se transforma en pérdida”, explicó el demógrafo George M. Hayward.
El impacto trasciende las cifras: las ciudades de Estados Unidos que dependían de la llegada de migrantes para revitalizarse tras el COVID-19 ahora enfrentan un escenario de estancamiento que podría afectar su dinamismo económico, su diversidad cultural y su capacidad de atraer inversión. Mientras condados más pequeños como Ocala (Florida), con un 3,4% de crecimiento, lideran el ranking gracias a dinámicas locales, las grandes urbes ven cómo se diluye su ventaja demográfica. La caída de la inmigración no es solo un dato estadístico: es un cambio estructural que redefine el futuro poblacional de la nación.