En medio de la crisis agropecuaria en Santa Cruz, donde el avance de los guanacos amenaza la supervivencia de la ganadería ovina, surge un proyecto ambicioso: una barrera perimetral de hasta 400 km para regular la fauna silvestre y promover una producción sustentable. Esta iniciativa, inspirada en modelos australianos, busca equilibrar la conservación ambiental con la rentabilidad económica, atrayendo inversiones en bonos de carbono y certificaciones internacionales.
La estepa patagónica, cuna de la economía ovina argentina, enfrenta un punto de inflexión. El incremento exponencial de la población de guanacos, sumado a depredadores, desertificación y sequías agravadas por el cambio climático, ha provocado la pérdida de stock ovino, el abandono de campos y una emergencia agropecuaria declarada en toda la provincia. En este contexto, un grupo de productores liderados por Sebastián Apesteguía, técnico en producción agropecuaria y exdirigente rural, presentó en la 102ª Exposición Rural de Puerto Deseado el “Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable”, una propuesta macro-ecosistémica que podría transformar el noreste santacruceño.
El corazón del plan es una barrera física de dos metros de altura –estándar innegociable, ya que los guanacos saltan hasta 1,60 metros–, extendida a lo largo de entre 315 y 400 km. Esta estructura delimitaría un clúster productivo de 2.260.000 hectáreas, abarcando un centenar de establecimientos ovinos grandes, medianos y chicos. “No decimos no queremos pumas o guanacos, sino que proponemos manejarlos”, enfatizó Apesteguía, destacando que la barrera no eliminará la fauna, sino que la regulará para mantener la carga de guanacos por debajo del 10% de la receptividad del suelo. El excedente se destinaría a un aprovechamiento comercial de carne y fibra, alineado con el existente Plan de Manejo del Guanaco.
Inspirada en sistemas de Australia y Nueva Zelandia, la barrera incorporaría materiales de la economía circular local, como tubing petrolero recuperado, y contaría con eco-ductos o compuertas cada 5 a 10 km para preservar la conectividad biológica y el flujo genético de la vida silvestre. Estas se abrirían estratégicamente, asegurando un equilibrio ecológico. Además, el proyecto promueve una transición a la ganadería regenerativa, con programación de pastoreo, áreas de descanso para recuperar suelos y tecnología para trazabilidad completa de productos: desde caravanas electrónicas hasta certificaciones de lana y carne como “wildlife friendly” y con huella de carbono negativa.
El financiamiento, clave para su viabilidad, se basa en un esquema cruzado: 50% de inversiones privadas, 30% estatal y 20% en créditos blandos. Empresas mineras e hidrocarburíferas del Macizo del Deseado prefinanciarían la obra a cambio de “Bonos Santacruceños” para compensar su huella de carbono –un insetting regional innovador–. Apesteguía propone que el INTA desarrolle un protocolo nacional para certificar estos bonos internacionalmente: “En vez de comprar bonos a nivel internacional, compensen su propia huella comprando bonos de carbono en Santa Cruz”. La barrera, con una vida útil de 50 años, se amortizaría mediante pagos por kilos de lana, carne o carbono producidos.
Los beneficios son multifacéticos. Para los productores, significa recuperar rentabilidad y acceder a mercados globales con productos certificados orgánicos. Ambientalmente, fomenta la regeneración de la estepa patagónica, combatiendo la desertificación. Económicamente, revitaliza una actividad fundacional de Santa Cruz, generando empleo y actividad en zonas rurales abandonadas. “Estamos en un punto de inflexión, el cambio climático nos está pegando feo”, advirtió Apesteguía, subrayando la urgencia de una transición colectiva que supere las limitaciones del actual Plan de Manejo.
Este modelo no solo resuelve un conflicto local, sino que posiciona a la Patagonia como referente en manejo ecosistémico y economía verde. Si se implementa, podría inspirar iniciativas similares en otras regiones, demostrando que la innovación puede armonizar producción y conservación en un mundo cada vez más exigente con la sostenibilidad.