La ONU Advierte: Expiración del New START marca el fin de una era de control nuclear y amenaza con una nueva carrera armamentística global

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La expiración del Tratado New START el 5 de febrero de 2026 deja al mundo sin límites vinculantes en los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia, las dos potencias que poseen cerca del 90% de las armas nucleares globales. La ONU, a través del secretario general António Guterres, calificó este hito como “un momento grave para la paz y la seguridad internacionales”, alertando sobre el riesgo inédito de errores de cálculo y una posible carrera armamentística en un contexto de tensiones geopolíticas extremas.

El Nuevo START (Tratado sobre Medidas para la Reducción y Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas), firmado en 2010 en Praga por los presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev, entró en vigor en 2011 y limitaba a cada país a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas, junto con topes en misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados. Incluía mecanismos de verificación rigurosos, como inspecciones in situ y exchanges de datos bianuales, que fomentaban transparencia y previsibilidad. Prorrogado en 2021 por cinco años, su suspensión parcial por Rusia en 2023 —en medio de la invasión a Ucrania— y la falta de acuerdo sucesor culminaron en su caducidad definitiva.

Guterres recordó que este retroceso ocurre “en el peor momento posible”, cuando el riesgo de uso nuclear alcanza niveles no vistos en décadas. Destacó el legado de acuerdos previos que construyeron estabilidad durante la Guerra Fría y después: las Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas (SALT), que derivaron en SALT I (1972) —firmado por Richard Nixon y Leonid Brézhnev—, congelando el número de lanzaderas de misiles y combinado con el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM, también de 1972), que limitaba sistemas defensivos para preservar la disuasión mutua asegurada. SALT II (1979), firmado por Jimmy Carter y Brézhnev pero nunca ratificado por el Congreso estadounidense, buscaba límites más precisos en vehículos de entrega. Estos pactos, junto con el ABM (del que EE.UU. se retiró en 2002), redujeron drásticamente arsenales y evitaron catástrofes al promover diálogo y confianza.

“Los tratados generaron estabilidad y, combinados con otras medidas, evitaron un error de cálculo devastador”, afirmó Guterres, instando a Rusia y Estados Unidos a negociar urgentemente un nuevo régimen de control de armas verificable y adaptado a desafíos actuales, incluyendo el ascenso de China y avances tecnológicos. “El mundo mira ahora a Rusia y Estados Unidos para que conviertan en acción estas palabras”, enfatizó, viendo la crisis como “una oportunidad para reiniciar”.

Desde el Vaticano, el Papa León XIV se sumó al llamado: “Hago un llamamiento urgente a no dejar caer este instrumento sin tratar de garantizarle una continuación concreta y eficaz”. Abogó por reemplazar “la lógica del miedo y la desconfianza” con una ética compartida, recordando que la paz es un patrimonio colectivo.

Expertos coinciden en que sin un sucesor, la ausencia de límites y verificación podría acelerar la proliferación nuclear, debilitar la arquitectura de seguridad global y elevar riesgos catastróficos. La comunidad internacional observa con alarma cómo las superpotencias deciden el futuro de la estabilidad planetaria.