Veinte países aceptan invitación de Trump a la Junta de Paz 2026

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En un giro diplomático que promete revolucionar la geopolítica mundial, una veintena de naciones han respondido afirmativamente a la invitación del presidente estadounidense Donald Trump para integrar la Junta de Paz, un organismo controvertido concebido como supervisor del alto el fuego en Gaza y posible rival de la ONU. Con un costo de 1.000 millones de dólares por asiento permanente, esta iniciativa –bautizada como un "club privado" con poderes amplios para Trump– se inaugurará este jueves en el Foro de Davos, atrayendo a líderes como Benjamín Netanyahu de Israel, Javier Milei de Argentina y representantes de Marruecos, entre otros. 

La lista de aceptantes incluye a figuras clave de la escena internacional, destacando la adhesión de Israel, donde el primer ministro Netanyahu anunció que su país se convertirá en miembro pleno de esta junta compuesta por líderes mundiales. Argentina, bajo el mando del controvertido Milei, y Marruecos se suman a esta coalición, junto con Kosovo, cuyo presidenta Vjosa Osmani expresó su honor por la invitación personal de Trump, recordando el rol de Estados Unidos en la paz de su nación: "Kosovo se mantiene firme como aliado de Estados Unidos, dispuesto a contribuir a impulsar esa paz". Otros participantes notables son Paraguay con el presidente Santiago Peña, quien asumió "con honor la responsabilidad de trabajar junto a los Estados Unidos por una paz duradera", y una alianza de ocho países musulmanes –Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Jordania, Indonesia, Pakistán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos– que emitieron un comunicado conjunto exigiendo "una paz justa y duradera" en Oriente Próximo, basada en el "derecho palestino a la autodeterminación y contar con un Estado propio".

No todo es adhesión unánime. Países europeos como Francia, Suecia y Noruega han declinado la oferta, generando tensiones. Trump, fiel a su estilo provocador, respondió amenazando a Francia con un arancel del 200% a sus vinos y champanes, afirmando que "nadie los quiere". En tanto, el Reino Unido también rechazó la invitación en un desarrollo posterior, mientras España aún evalúa su posición. Otros aceptantes incluyen Bielorrusia, Vietnam, Albania, Hungría con Viktor Orbán, Armenia y Azerbaiyán, estos últimos tras un acuerdo de paz negociado por Trump en 2025 en Nagorno Karabaj.

El contexto de esta Junta de Paz remite al alto el fuego en Gaza anunciado por Trump el año pasado, evolucionando de un ente supervisor con tintes coloniales a una estructura elitista que omite menciones directas al conflicto. Trump la describe como "maravillosa" y sugiere que "podría" reemplazar a la ONU, a la que critica por no haberlo ayudado en "ninguna de las guerras que he solucionado". Con invitaciones extendidas a al menos 60 líderes –incluyendo pendientes a figuras como Vladímir Putin–, esta iniciativa resalta alianzas proestadounidenses, dependencias militares y admiradores de Trump, pero genera divisiones globales por su naturaleza excluyente y el alto costo, que ha disuadido a varios.

Las implicaciones son profundas: esta junta podría restablecer gobernanza en zonas de conflicto como Gaza, pero su centralización en manos de Trump plantea riesgos de inestabilidad y competencia con instituciones multilaterales. Mientras los países musulmanes presionan por derechos palestinos, las amenazas comerciales de Trump podrían escalar a guerras económicas. En un mundo polarizado, esta movida de Trump no solo busca estabilidad, sino reafirmar su legado como artífice de paz –o de controversia– en la arena internacional.

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