En medio de una resiliencia aparente en los mercados laborales mundiales, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la ONU alerta sobre un estancamiento profundo en las condiciones laborales globales, con una brecha de empleo que alcanzará los 408 millones de personas en 2026 –aquellos que desean trabajar, pero no acceden a oportunidades–, salarios reales que no recuperan niveles pre-pandemia y un incremento alarmante en el trabajo informal hasta los 2.100 millones de trabajadores. Este escenario, agravado por la inteligencia artificial (IA), la inflación persistente y la incertidumbre comercial, podría perpetuar desigualdades y frenar el crecimiento económico, según el informe Employment and Social Trends 2026 de la OIT, que proyecta un futuro peor sin intervenciones urgentes en estancamiento laboral global, desempleo juvenil y productividad estancada.
La OIT subraya que, aunque la tasa de desempleo global se mantiene estable en el 4,9% para 2026 –equivalente a 186 millones de desempleados–, esta estabilidad oculta graves déficits en la calidad del empleo. El crecimiento del empleo mundial se proyecta en solo un 1% para 2026, por debajo del promedio de la década anterior, con variaciones por niveles de ingreso: 0,5% en países de ingreso medio-alto, 1,8% en ingreso medio-bajo y 3,1% en naciones de bajo ingreso. En términos absolutos, el déficit global de empleo decente se evidencia en la brecha de puestos de trabajo, que afecta a 408 millones de individuos en 2026, superando ampliamente el desempleo oficial.
En cuanto a la pobreza laboral extrema, la proporción de trabajadores con ingresos inferiores a tres dólares diarios ha disminuido solo 3,1 puntos porcentuales entre 2015 y 2025, alcanzando el 7,9% y afectando a 284 millones de personas en 2025 –una cifra cercana a los 300 millones si se considera la persistencia en naciones de bajo ingreso. Esto contrasta con la década 2005-2015, donde el descenso fue de 15 puntos porcentuales, destacando un frenazo en el progreso contra la pobreza. La informalidad laboral, asociada a menor calidad y precariedad, ha aumentado en los últimos diez años y se prevé en 2.100 millones de trabajadores para 2026, representando una mayoría global sin protección social ni derechos laborales.
Los salarios reales continúan rezagados: en 2025, la renta del trabajo representaba solo el 52,6% de la renta mundial total, por debajo del 53% pre-pandemia en 2019. El shock inflacionario de 2022-2024 ha erosionado el poder adquisitivo, con salarios reales agregados en países de ingreso alto –como en la Unión Europea– aún por debajo de niveles de 2019, pese a que los costes laborales reales para productores han aumentado según el índice de precios al productor en 2024. Esta desconexión entre salarios y productividad laboral amenaza el crecimiento, ya que el aumento de la productividad se ve inhibido por la incertidumbre económica, incluyendo el alza en la deuda soberana y políticas comerciales proteccionistas, como aranceles en Estados Unidos.
El impacto de la IA se perfila como un riesgo disruptivo, especialmente para el empleo juvenil cualificado. En 2025, la tasa de desempleo juvenil (15-24 años) escaló al 12,4%, con alrededor de 260 millones de jóvenes no en educación, empleo ni formación (NEET), alcanzando el 27,9% en países de bajo ingreso. Datos preliminares indican que jóvenes con educación avanzada en naciones desarrolladas enfrentan mayor exposición a la automatización, complicando su inserción en ocupaciones de alta cualificación. "El impacto total de la IA en el empleo juvenil sigue siendo incierto, pero su magnitud potencial merece un seguimiento minucioso", advierte la OIT.
Las desigualdades de género persisten: en 2025, las mujeres representaban solo dos quintas partes (40%) del empleo global, impulsado por normas sociales y barreras de acceso. Además, la tasa de actividad laboral –proporción de personas en edad de trabajar que participan o buscan empleo– caerá al 60,5% en 2027 debido al envejecimiento poblacional, exacerbando presiones en sistemas de pensiones y productividad. En regiones específicas, como España, la tasa de paro se sitúa en el 10,5%, superior al promedio global, reflejando desafíos en la transición sectorial hacia mayor productividad.
Ante estos datos, Gilbert F. Houngbo, director general de la OIT, enfatiza: "Recuperar el progreso parece una tarea desalentadora ante los desafíos que se ciernen sobre el mundo del trabajo". La organización urge monitoreo del impacto de la IA, fortalecimiento de instituciones laborales y políticas inclusivas para mitigar riesgos como el proteccionismo comercial y la deuda soberana, advirtiendo que sin acción, las desigualdades se agravarán, afectando el crecimiento económico global y perpetuando ciclos de pobreza en un contexto de alta incertidumbre.
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