Europa y OTAN buscan frenar la obsesión de Trump por Groenlandia

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En medio de crecientes tensiones geopolíticas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su interés en anexar Groenlandia, generando alarma en Europa, la OTAN y Dinamarca. Expertos advierten sobre posibles conflictos transatlánticos, con implicaciones para la seguridad ártica, el cambio climático y el orden mundial. Esta crisis, que evoca intentos previos de Trump en 2019, podría escalar a un choque entre aliados, afectando rutas marítimas estratégicas y recursos naturales en el Ártico.

Europa y la OTAN han lanzado una ofensiva diplomática para calmar las ansias de Trump sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca considerado vital para la defensa colectiva. En una declaración conjunta de países nórdicos y potencias como Alemania, Francia y Reino Unido, se enfatiza que cualquier decisión sobre la isla corresponde exclusivamente a Copenhague y sus habitantes. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha subrayado que Groenlandia es "una parte vital del territorio de la OTAN", alertando sobre riesgos derivados del deshielo por el cambio climático, que abren rutas marítimas codiciadas por Rusia y China. "Trump está haciendo lo correcto para la OTAN", ironizó Rutte al referirse al gasto en defensa, pero advirtió que una acción unilateral sería devastadora.

Por su parte, el canciller alemán, Friedrich Merz, compartió preocupaciones estadounidenses sobre la protección de la isla, proponiendo una "solución sencilla dentro de la OTAN" mediante refuerzos militares. El comisario de Defensa de la UE, Andrius Kubilius, fue más tajante: una toma por la fuerza significaría "el final de la OTAN". Desde Groenlandia, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen afirmó que la seguridad del territorio es responsabilidad aliada, rechazando divisiones internas en un momento crítico.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, elevó el tono en una rueda de prensa conjunta con Nielsen en Copenhague, calificando la presión de Trump como "muy grave" e "inaceptable". "Groenlandia es una parte del Reino de Dinamarca" y "no está en venta", insistió Frederiksen, advirtiendo que "lo más difícil está por venir". Recordó el intento de anexión de Trump en 2019, cuando canceló una visita oficial tras el rechazo danés, y lamentó que ahora, en su segundo mandato, las amenazas se intensifiquen. "Me gustaría llegar a un acuerdo por las buenas, pero si no, lo haremos por las malas", ha declarado Trump, evocando riesgos de intervención rusa o china si no se resuelve.

Nielsen, por su lado, fue contundente: si Groenlandia tuviera que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca, optaría por esta última. "Groenlandia está en el ojo del huracán", dijo, urgiendo unidad para enfrentar "retos difíciles de combatir" que afectarían al mundo entero. La isla, que avanza hacia mayor autonomía desde 1979, ve su soberanía amenazada en un contexto de crecientes intereses estratégicos por sus recursos minerales y posición militar.

Una reunión clave en la Casa Blanca reunirá pronto al ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y representantes groenlandeses, bajo la anfitrionía del vicepresidente J.D. Vance. Analistas temen que, sin un acuerdo, esta disputa erosione las relaciones transatlánticas, potenciando la influencia de potencias rivales en el Ártico. Europa propone incrementar presencia militar en la zona para desactivar tensiones, pero el futuro permanece incierto en esta saga que combina ambición territorial con imperativos de seguridad global.

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