Transición Energética: Avances Globales a Ritmo Acelerado, pero con Desafíos

Energías Limpias

El mundo está avanzando hacia una transición energética más rápida, con un enfoque en la seguridad, sostenibilidad y equidad, según el Índice de Transición Energética 2025 del Foro Económico Mundial.

Este año, el progreso global hacia una energía sostenible ha registrado un aumento interanual del 1,1%, el mayor desde los niveles previos a la pandemia, con un 65% de los países mejorando sus indicadores y un 28% destacándose en todas las dimensiones fundamentales.

El informe destaca que Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suiza lideran el ranking de los países más avanzados en la transición energética, gracias a sus políticas robustas, inversiones significativas en energías renovables y sistemas energéticos altamente eficientes. Estos países han implementado medidas que combinan innovación tecnológica, incentivos económicos y un fuerte compromiso con la sostenibilidad, sirviendo como modelos globales.

En el caso de Argentina, el país se posiciona en el puesto 57 de 118 naciones, ubicado entre Ucrania e Indonesia, según el Índice de Transición Energética 2025. En América Latina y el Caribe, ocupa el noveno lugar, con Brasil y Chile liderando la región. A pesar de contar con un gran potencial en recursos como el viento, la radiación solar, el litio y el cobre, Argentina enfrenta desafíos significativos. En 2023, el 84% de su matriz energética provino de fuentes fósiles, con un 44% de gas natural y un 38% de petróleo, mientras que las energías limpias representaron solo el 16%. Sin embargo, en 2024, Argentina sumó 926,9 megavatios de nueva capacidad renovable, un 16% más que en 2023, con la energía eólica a la cabeza (4.337 MW instalados). Además, el país aspira a generar el 57% de su energía eléctrica a partir de fuentes renovables para 2030, según su plan oficial de transición energética, que requiere una inversión de 86.600 millones de dólares. Proyectos como Vaca Muerta y el desarrollo del hidrógeno verde refuerzan su posición, aunque la dependencia de combustibles fósiles, la falta de infraestructura y las restricciones macroeconómicas limitan el ritmo de avance.

Tras años de avances lentos, el ritmo global actual es el más acelerado desde antes del COVID-19. Sin embargo, persisten obstáculos significativos que podrían frenar este impulso. Economías avanzadas enfrentan problemas como congestión en las redes eléctricas, precios elevados y cuellos de botella en el suministro, mientras que regiones como Europa emergente y Asia emergente logran avances gracias a reformas específicas, mejoras en infraestructura e inversiones crecientes en energías limpias.

“Los sistemas energéticos evolucionan a distintas velocidades”, señaló Roberto Bocca, director del Centro de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial. "Es talentoso ver enfoques más holísticos y un progreso visible, especialmente en países como Brasil, China, Estados Unidos y Nigeria, que han avanzado en múltiples dimensiones. Sin embargo, mantener este rumbo requiere una inversión urgente en las economías emergentes de rápido crecimiento".

El informe subraya la necesidad de políticas que equilibren la seguridad energética con la sostenibilidad y la equidad, para garantizar que los beneficios de la transición lleguen a todos los sectores. A medida que la demanda energética global crece, la inversión en infraestructura y tecnologías limpias será clave para superar los desafíos y consolidar el camino hacia un futuro más sostenible.