Prohibición de jineteadas desata furia de la Federación Gaucha y debate nacional

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En un contexto de creciente sensibilidad hacia el bienestar animal, la diputada provincial Lula Balsells Miró impulsa un proyecto para prohibir las jineteadas en Mendoza, catalogándolas como actos de crueldad y sufrimiento injustificado para los caballos, reconocidos como seres sintientes. Esta iniciativa, que incluye multas millonarias y sanciones administrativas, choca de frente con la defensa férrea de la Federación Gaucha, que las reivindica como tradición cultural arraigada en el ADN argentino y generadora de empleo.

La controversia estalló con la presentación del proyecto de ley por parte de la legisladora del PRO, quien argumenta que las jineteadas –práctica en la que un jinete intenta derribar a un caballo en un tiempo limitado– representan un claro caso de maltrato animal. Según el texto, el Estado no puede ser "espectador pasivo" de actos violentos disfrazados de entretenimiento o tradiciones culturales. La propuesta establece límites claros, promoviendo una "reconversión cultural" a través de alternativas educativas y artísticas libres de violencia. Las sanciones contempladas van desde los 500.000 hasta los 1.500.000 pesos, equivalentes a entre 1.000 y 3.000 Unidades Fiscales, y prohíbe cualquier habilitación oficial para estos eventos.

Desde la Federación Gaucha de Mendoza, la respuesta no se hizo esperar. Su presidente, Bruno Oropel, calificó la iniciativa como un ataque directo a la cultura tradicional que "vulnera" la identidad gaucha, surgida desde los tiempos del gaucho histórico. "Las jineteadas no son sometimiento animal; son una actividad que dura solo 12 segundos, con caballos genéticamente preparados, bien alimentados en pasturas adecuadas y atendidos por veterinarios", enfatizó Oropel. Recordó que desde 2018 existe un proyecto pendiente en la Legislatura para reconocerlas como deporte, con media sanción en el Senado, y alertó sobre el impacto económico: generan empleo para cuidadores, organizadores, artesanos y asistentes, especialmente en el interior provincial.

El debate trasciende Mendoza y toca fibras nacionales, evocando festivales icónicos como el de Jesús María, donde las jineteadas atraen multitudes y dinamizan economías locales. Defensores de la prohibición insisten en que ninguna tradición justifica el sufrimiento animal, mientras que los gauchos argumentan que prohibirlas equivaldría a borrar parte del "ADN argentino". Balsells Miró propone, en cambio, fomentar prácticas no violentas que preserven el patrimonio cultural sin crueldad.

Esta pulseada entre protección animal y herencia cultural promete escalar en la Legislatura mendocina, donde el proyecto de 2018 aún aguarda resolución. Mientras tanto, activistas por los derechos animales celebran el avance, y los gauchos preparan su defensa, en un conflicto que podría redefinir las fronteras entre tradición y ética moderna.