En un impactante incidente que ha conmocionado al Brasil y al mundo, un joven de 19 años perdió la vida al ser ataqueado por una leona en el Parque Zoobotánico Arruda Câmara, conocido como Bica, en la capital de Paraíba. El caso, que involucra una presunta intención suicida por trastornos mentales no tratados, reaviva el debate sobre la seguridad en zoológicos, el bienestar animal y las fallas en el sistema de salud mental. Videos virales capturan el momento del ataque fatal.
El domingo 30 de noviembre, alrededor de las 10 de la mañana, Gerson de Melo Machado, apodado "Vaqueirinho", escaló un muro de seis metros en el recinto de la leona Leona, ignorando las advertencias de visitantes que lo grababan con sus teléfonos. Tras superar grades de seguridad, se deslizó por una palmera hasta el suelo, donde el felino, de 19 años y nacida en el propio zoológico, lo embistió de inmediato. Según el peritaje de la Policía Militar y el Instituto de Ciencias Forenses de Paraíba (IPC), la víctima falleció en el lugar por choque hemorrágico causado por heridas perfurantes y contundentes en el cuello.
Los cuidadores intervinieron rápidamente, controlando a la leona sin armas ni tranquilizantes, gracias a su entrenamiento previo. Sin embargo, el director veterinario del parque, Thiago Nery, reveló que el animal quedó en "shock" por el estrés de la invasión. "El ingreso del visitante la dejó desorientada", explicó. Inmediatamente, el zoológico fue cerrado al público, suspendiendo visitas indefinidamente mientras se investiga el caso.
Familiares y allegados describen a Gerson como un joven con esquizofrenia diagnosticada tardíamente, marcado por pobreza extrema, abandono familiar y falta de apoyo en salud mental. La conselheira tutelar Verônica Oliveira, quien lo conoció hace nueve años, lo recordó como un "niño abandonado por el sistema", con un fascinante por los leones que soñaba con "domarlos en un safári africano". "Era una tragedia anunciada; solo el lunes salió la orden judicial para su internación", lamentó. El gobierno municipal expresó solidaridad con la familia y afirmó que el recinto cumple estándares de seguridad, pero el Ministerio Público ya apura la investigación.
¿Qué pasará con la leona Leona?
En un giro que alivia a defensores del bienestar animal, la leona Leona –hija de los leones Darah y Sadam, nacida en 2006 y de 130 kg– no será sacrificada. Tras un monitoreo intensivo por veterinarios, biólogos y zootecnistas durante días, el animal mostró mejora significativa: más calmada, respondiendo bien a cuidados y sin signos graves de estrés residual. Según actualizaciones oficiales del Parque Arruda Câmara publicadas este 5 de diciembre, Leona ha regresado a su recinto, retomando su rutina bajo vigilancia continua por semanas. Vive sola desde la muerte de su compañero Simba, y un intento fallido de integración con otra leona hace tres años la mantiene aislada. "Está estable y bien atendida; este no es un caso para eutanasia", aseguró la administración, priorizando su conservación genética y salud.
Este desenlace contrasta con históricos sacrificios en zoológicos mundiales, donde animales pagan el precio de invasiones humanas. En 2016, en el Zoológico Metropolitano de Santiago de Chile, un joven de 20 años saltó a la jaula de dos leones en un intento de suicidio, hiriendo gravemente. Para rescatarlo, los guardias sacrificaron a los felinos a tiros, desatando protestas de animalistas que tildaron el acto de "crueldad innecesaria". Los leones, parte de un programa de reproducción, murieron pese a que el intruso sobrevivió con lesiones en cráneo y cuello.
Otro caso emblemático ocurrió en 2007 en el Zoológico de San Francisco, EE.UU., con la tigresa siberiana Tatiana. Tras escapar de un recinto deficiente –donde ya había mutilado a un cuidador–, atacó a un visitante ebrio que la provocó, matándolo e hiriendo a otros. La policía la abatió a balazos, generando multas de 18.000 dólares al zoo por fallas de seguridad. Tatiana, de 3 años, era un ícono del programa de conservación, pero su muerte resaltó el estrés crónico en cautiverio.
En 1988, en el Parque Cuttini Mundo Animal de Argentina, un oso pardo atacó a un niño de 7 años, arrancándole un brazo. El animal fue sacrificado por considerarse "impredecible", pese a no haber antecedentes. Similarmente, en 1999 en el Safari Park de El Verger, España, tres tigres mataron a dos turistas alemanes que intentaron fotos cercanas; los felinos fueron eutanasiados para evitar riesgos futuros. En 2011, el caos en un zoológico privado de Zanesville, Ohio, vio a la policía sacrificar a 49 animales –leones, tigres, osos– tras un escape intencional del dueño, quien se suicidó.
Estos episodios, documentados por BBC, CNN y G1, ilustran un patrón: sacrificios reactivos por falta de contención o provocaciones humanas, a menudo en recintos subestándar. Expertos como la zoóloga Nina Collatz Christensen defienden que tales medidas preservan la "salud de la especie", pero animalistas argumentan que el cautiverio induce neurosis. En Brasil, el caso de Leona refuerza la necesidad de protocolos no letales, como los usados aquí.
La familia de Gerson sepultó su cuerpo el 1 de diciembre en el Cementerio del Cristo, entre lágrimas y reclamos por políticas públicas deficientes. Mientras el zoológico permanece cerrado, el incidente trasciende fronteras, impulsando campañas por mejor atención mental y zoos éticos. ¿Es hora de repensar estos espacios?
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