El calentamiento global amenaza con empujar a hasta 27 millones de niños y jóvenes latinoamericanos a la pobreza extrema si no se acelera la acción climática. Informe de CEPAL y UNICEF detalla impactos en salud, educación y economía, con énfasis en países vulnerables como Honduras y República Dominicana. Urge mayor inversión en resiliencia infantil ante recortes en cooperación internacional.
La alarma se intensifica: el cambio climático no solo acelera desastres naturales, sino que redefine el futuro de la infancia en América Latina. Un informe actualizado de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), publicado en agosto de 2025, proyecta que al menos 5.9 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes vivirán en pobreza para 2030 por los efectos del calentamiento global, cifra que podría escalar hasta 17.9 millones en escenarios moderados y superar los 27 millones si la desigualdad se agrava un 1% anual en el coeficiente de Gini. Este impacto equivale al devastador efecto de la pandemia de COVID-19, que hundió a 11 millones de menores en la miseria regional.
El estudio El impacto del cambio climático sobre la pobreza infantil y juvenil de América Latina, basado en datos de 18 países que representan el 95% de la población regional –incluyendo Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela–, simula los efectos de sequías, inundaciones, ciclones tropicales y olas de calor bajo tres escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En la región, donde el 52% de los pobres son menores de 25 años, estos fenómenos no solo golpean la salud física –con cuerpos en desarrollo más susceptibles a enfermedades respiratorias y desnutrición–, sino que destruyen medios de vida familiares, interrumpen la educación y profundizan desigualdades.
“Los niños, niñas y adolescentes sostienen el mayor peso del cambio climático. No sólo porque sus cuerpos en desarrollo son más vulnerables a fenómenos extremos como ciclones u olas de calor, sino también porque estos eventos interrumpen los medios de vida de su familia y su educación”, reiteró Roberto Benes, Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, en el lanzamiento del reporte. En Honduras, por ejemplo, cuatro de cada diez niños menores de 15 años ya viven en pobreza, y el informe advierte que la intensificación de sequías en el Corredor Seco centroamericano podría agravar esta crisis, afectando directamente la agricultura y el acceso a agua potable. Similarmente, en República Dominicana, más de 600 mil menores enfrentan impactos de olas de calor extremo, con uno de cada cinco hogares reportando afectaciones directas en su rutina diaria.
La temperatura en América Latina ha subido significativamente en los últimos 30 años, exacerbando desastres que, según expertos de CEPAL como José Eduardo Alatorre, generan un "calentamiento ya comprometido" inevitable. Solo el 3.4% de la financiación climática multilateral se destina a servicios resilientes para la niñez –como salud, nutrición, educación, agua y saneamiento–, un escándalo que coincide con recortes globales en cooperación internacional en un momento de "necesidad sin precedentes". En el noreste de Brasil y el Cono Sur, las sequías prolongadas amenazan la producción agrícola, principal sustento de millones de familias vulnerables.
El reporte eleva la urgencia ante la COP30 en Belém, Brasil, programada para 2025, donde los países deben presentar Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) actualizadas. UNICEF y CEPAL exigen acciones inmediatas:
- Fortalecer la resiliencia climática de servicios sociales e infraestructura, priorizando los primeros 1.000 días de vida para mitigar daños irreversibles en el desarrollo cognitivo.
- Triplicar la financiación climática sensible a la infancia, con fondos específicos por etapas de desarrollo y énfasis en equidad de género.
- Integrar educación ambiental en currículos escolares y fomentar la participación juvenil en foros climáticos, empoderando a los afectados como agentes de cambio.
- Desarrollar políticas de protección social adaptativas, con planes de emergencia que incluyan refugios climáticos y apoyo psicológico para menores expuestos a traumas.
Desde su publicación, el informe ha generado eco global. La cuenta oficial de ONU Cambio Climático en X (anteriormente Twitter) lo compartió ampliamente, acumulando miles de interacciones y alertando: "El #cambioclimático empujará a casi seis millones de niños y jóvenes a la pobreza en América Latina". Organizaciones como el Grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia han destacado cómo la desigualdad amplificada por el clima podría duplicar las cifras de pobreza infantil.
El mensaje es inequívoco: la crisis climática es una crisis de derechos humanos, y la niñez latinoamericana no puede esperar. Si los líderes regionales no actúan con ambición radical, el legado del 2030 será uno de generaciones perdidas en la sombra del calentamiento global.
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