El cambio climático está golpeando duramente a la industria del café, con un aumento alarmante de los días de calor extremo que dañan los cultivos en naciones clave como Brasil, Colombia, Vietnam, Etiopía e Indonesia. Este fenómeno, impulsado por el calentamiento planetario, pone en jaque el 75% del suministro mundial de café, elevando los precios y amenazando la subsistencia de millones de productores.
El análisis de Climate Central, en colaboración con la Corporación Andina de Fomento (CAF), revela datos estremecedores: en promedio, estos cinco principales productores enfrentan 144 días de calor perjudicial al año, de los cuales 57 se atribuyen directamente al cambio climático. Se trata de temperaturas superiores a los 30 °C, un umbral crítico que afecta tanto al café arábica —sensible por encima de 25 °C— como al robusta, más resistente pero vulnerable a partir de los 30 °C. En Brasil, responsable del 37% de la producción global, se registran 178 días anuales de calor hostil, con 70 adicionales por la crisis climática. En el estado de Minas Gerais, epicentro cafetalero, el incremento es de 67 días extras.
Colombia, que aporta el 8,4% del café mundial, no escapa a esta tendencia: 119 días de calor muy cálido por año, 48 de ellos causados por el cambio climático. Kristina Dahl, vicepresidenta de Ciencia de Climate Central, explica la metodología: “Sabemos que las dos principales especies que dan café se ven afectadas por el aumento de temperatura, así que lo que hicimos fue cuantificar en qué medida lo está haciendo”. El estudio compara datos observados entre 2021 y 2025 con modelos de un mundo sin cambio climático, destacando que el enfoque en temperaturas sobre 30 °C impacta a ambas variedades.
La región latinoamericana sufre impactos variados: El Salvador lidera con 99 días adicionales de calor por cambio climático, seguido de Nicaragua (77), Jamaica (66), Honduras (58), Guatemala (53), México (48), Costa Rica (24) y Perú (20). Estas cifras no solo amenazan los cultivos, sino que exacerban la volatilidad del mercado: los precios del café alcanzaron máximos en diciembre de 2024 y febrero de 2025, agravados por aranceles en Estados Unidos sobre importaciones brasileñas.
Las proyecciones futuras son sombrías. Aunque regiones como California, Luisiana o Florida podrían volverse aptas para el café, esto ocurriría a expensas de los países tradicionales, profundizando desigualdades. Los pequeños productores, que representan el 80% de los caficultores globales y el 60% del suministro, recibieron solo el 0,36% del financiamiento necesario para adaptarse en 2021. Dahl enfatiza soluciones urgentes: “Hay muchos agricultores que están experimentando con diferentes métodos para proteger sus cultivos del calor extremo”. Entre ellas, plantar árboles adicionales en los cafetales para proporcionar sombra y mejorar la salud del suelo, junto con la reducción global del uso de combustibles fósiles.
Esta crisis climática no es solo un problema agrícola; es una amenaza a la cultura del café, que afecta a consumidores en todo el mundo. Si no se actúa con rapidez, el aroma matutino de millones podría convertirse en un lujo escaso.