Los acuíferos del Valle de Uco se agotan por perforaciones descontroladas y el cambio climático

Sustentabilidad

Científicos del Conicet confirman caída histórica del nivel freático y aumento de salinidad en una de las zonas productivas más importantes del país. Especialistas internacionales advierten que sin medidas urgentes el agua subterránea podría convertirse en recurso no renovable en pocos años. Pronósticos para 2025-2026 revelan escurrimientos al 60% de lo normal por sequía extrema.

Un estudio presentado en el V Congreso del Agua organizado por el Departamento General de Irrigación (DGI) encendió todas las alarmas: los acuíferos del Valle de Uco están en caída libre. El trabajo liderado por el investigador del Conicet Sebastián Dietrich analizó más de 3.000 perforaciones de riego en la cuenca del río Tunuyán y concluyó que la extracción supera ampliamente la recarga natural.

“Estamos explotando aguas no renovables”, afirmó Dietrich ante más de 100 especialistas reunidos bajo el lema “Agua para el Futuro”. El diagnóstico es contundente: desde los años 80 las perforaciones se multiplicaron casi por 100 y la tasa de renovación de los acuíferos es “extremadamente lenta”.

El informe señala dos problemas críticos:

  • Descenso sostenido del nivel freático, especialmente en los últimos 20 años.
  • Contaminación por salinidad: al profundizar los pozos se mezclan aguas superficiales (afectadas por fertilizantes y riego) con aguas profundas de excelente calidad original, generando un deterioro irreversible.

Jorgelina Teruya, responsable del monitoreo de calidad del DGI, explicó que ya cuentan con un índice propio de calidad del agua subterránea y planean extender el estudio a la cuenca del río Mendoza y al Sur provincial.

Pronósticos alarmantes para la temporada 2025-2026: sequía hidrológica moderada

Apenas una semana después del congreso, el DGI presentó el Pronóstico de Escurrimientos para la temporada hidrológica 2025-2026, confirmando la gravedad de la situación. Debido a la escasa acumulación de nieve invernal y la sequía meteorológica generalizada, se espera un derrame de solo 535 hm³ en el río Tunuyán y arroyos, equivalente al 63% de un año medio en la sección de aforos del Valle de Uco. Para el río Mendoza, el panorama es similar: 845 hm³, un 61% del promedio histórico.

“Esto es la nueva normalidad: hemos tenido dos años con más agua, pero el clima nos devuelve a la realidad de escasez extrema, con caudales entre el 58% y 60% de lo normal”, declaró Sergio Marinelli, superintendente general de Irrigación. En total, la provincia podría recibir 1.825 hm³ en la sección de La Gotera, un 58% del año medio, lo que obliga a un uso eficiente y solidario del recurso para evitar colapsos en el riego agrícola.

La megasequía, que combina un 70% de causas naturales con un 30% atribuible al cambio climático –principalmente emisiones de gases de efecto invernadero–, ya impacta en la reposición de reservas. Temperaturas atípicamente altas en julio de 2025 y vientos Zonda en el Valle de Uco complicaron la infiltración, mientras que la acumulación de nieve quedó por debajo del promedio histórico.

Impacto en la vitivinicultura: el oro líquido en jaque

El Valle de Uco, epicentro de la vitivinicultura premium mendocina, enfrenta un doble golpe. Estudios del Conicet revelan que el calentamiento global acelera la maduración de uvas como Malbec, Bonarda y Syrah, elevando los grados Brix y alterando la composición química: más azúcares, menos ácidos y taninos, lo que afecta la calidad enológica y obliga a replantear vendimias anticipadas.

En febrero de 2025, científicos locales detectaron estos efectos en parcelas experimentales, con rendimientos reducidos por estrés hídrico y mayor incidencia de enfermedades fúngicas debido a la humedad variable. “La vitivinicultura mendocina, que genera más de 100.000 empleos, está en crisis: costes al alza, precios a la baja y contingencias climáticas sin controles adecuados amenazan el abandono de fincas”, alertó la Asociación de Viñateros de Mendoza en octubre.

Productores exigen reducción fiscal, financiamiento a largo plazo y seguros climáticos, mientras bodegas como Catena Zapata migran vides a altitudes mayores en Gualtallary para contrarrestar el calor. Sin embargo, la escasez estructural –Mendoza depende en un 70% de la fusión nival– profundiza la vulnerabilidad, con 40.000 hectáreas de viñedos en riesgo por falta de riego.

Acciones en marcha: modernización y resistencia social

Ante la urgencia, el Gobierno de Alfredo Cornejo ratificó en noviembre un convenio por 55 millones de dólares para la modernización del Canal Matriz Valle de Uco, con sistemas presurizados en Paraje Altamira que mejorarán la eficiencia en un 30%. “Es una respuesta a la escasez creciente, fortaleciendo la competitividad agrícola”, indicaron desde Infraestructura Hídrica.

Pero la sociedad mendocina no espera pasivamente. En diciembre, el Valle de Uco se movilizó en apoyo a Uspallata con la “gesta del agua”: asambleas, ruidazos y una caravana masiva evocando la Marcha del Agua de 2019, que frenó reformas a la Ley 7722 contra la megaminería. “No a la contaminación de nuestras reservas; el agua es para producir alimentos, no un futuro hidrotóxico”, clamaron desde San Carlos y Tunuyán, donde acampes culturales reclaman protección de glaciares y acuíferos frente a proyectos extractivos en Malargüe.

El retroceso glaciar, con pérdidas superiores al 80% proyectadas para 2100 por el IPCC, agrava la discriminación geográfica: mientras el Gran Mendoza consume 700 litros por persona al día, el Sur arrastra menos de 20 en zonas rurales, con napas contaminadas por arsénico y sales.

La experiencia española: un espejo incómodo

El experto español Federico Lorenzo Estrada, director del Centro de Estudios Hidrológicos, expuso el modelo de inventario que España actualiza cada seis años. Con 600 puntos de medición y dos millones de “celdas” de análisis, proyectan hacia 2040 una caída de reservas de entre -3 % (escenario moderado) y -7 % (escenario extremo), directamente vinculada al aumento de temperatura por cambio climático.

“Mendoza tiene condiciones hidrológicas similares a muchas cuencas españolas. El mensaje es claro: sin gestión integrada y restricciones reales, el colapso es inevitable”, sentenció Estrada.

Irrigación ya evalúa implementar un sistema similar de inventario permanente y restricciones más estrictas a nuevas perforaciones, especialmente aquellas operadas por terceros. Además, la provincia avanza en su Plan Provincial de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático, actualizable cada cinco años, con énfasis en energías renovables y resiliencia productiva.

El Valle de Uco, corazón de la vitivinicultura premium y el turismo mendocino, enfrenta ahora la cuenta regresiva más dura: seguir extrayendo como hasta ahora significa hipotecar el agua de las próximas generaciones. ¿Cuánto tiempo nos queda para actuar antes de que el oasis se convierta en desierto?

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