Ecoaldea en la amazonía brasileña: Agricultores transforman tierra degradada en bosque productivo y sostenible

Sustentabilidad

En el corazón de la Amazonía, donde la deforestación y el cambio climático amenazan la supervivencia, una ecoaldea emerge como modelo de resiliencia y regeneración. La ecoaldea Iandê, en Santa Bárbara do Pará, ha convertido 28 hectáreas de tierra arrasada en un oasis de biodiversidad, suministrando alimentos orgánicos a la ciudad que hospedó la COP30. Esta historia de agricultura familiar sostenible destaca cómo pequeños productores combaten la crisis climática con agroecología, un enfoque que integra cultivos y naturaleza para un futuro verde – ideal para búsquedas sobre sostenibilidad ambiental, regeneración amazónica y soluciones climáticas post-COP30.

“Esto, todo lo que me rodea era barro, arcilla, tierra pelada”, relata Lenise Olivera, agricultora de la ecoaldea Iandê, mientras señala un póster que muestra una topadora en un camino fangoso. Hoy, su entorno es un tapiz vivo de pasto verde, arbustos, palmeras y árboles frutales: mango, açai, cacao y calabazas entre 27 variedades de plantas. Estas cosechas nutren a Belém, epicentro de la COP30 durante las últimas dos semanas, donde periodistas como el equipo de TN recorrieron el sitio para testimoniar esta transformación milagrosa.

Desde 2018, seis familias han revivido estas 28 hectáreas a pulmón, superando la degradación causada por la deforestación, extracción de arcilla y agricultura intensiva. El resultado: una granja y bosque productivo que resiste los embates del clima. A pesar de la sequía extrema en Brasil durante 2024, siguieron produciendo gracias a la agroecología, que fortalece la resiliencia ambiental.

Financiado casi enteramente por los propios agricultores, el proyecto evitó la burocracia de fondos públicos. En su lugar, adoptaron un modelo innovador: vecinos suscriben una cuota mensual y reciben canastas semanales de comida. Además, implementaron un sistema de certificación orgánica entre pares, más accesible y reconocido por el Ministerio de Agricultura, permitiéndoles acceder a programas como el de Alimentación Escolar, que exige 30% de productos de agricultura familiar.

La ecoaldea ofrece cursos, talleres y visitas, pero anhela financiamiento local e internacional para expandirse y enfrentar el calor creciente, sequías y lluvias irregulares. “Queremos hacer de la agricultura la profesión más importante del mundo. El mundo hoy no tiene una carrera específica para formar agricultores. Queremos que el agricultor sea una persona formada y no el bruto de la familia”, enfatiza Lenise.

A minutos de Iandê, el Sítio Maturí replica este modelo. Bruno Gonzalez explica su impacto: “Esta es la agricultura real, se regenera, forma comunión, comunidad, secuestra carbono. Este sistema es el futuro porque no devasta todo, al contrario”. Sin embargo, lamenta la falta de apoyo: “Los bancos no ven esto como una oportunidad de inversión y nos niegan el crédito. Nos comparan con la agricultura de escala y no es lo mismo”.

Iandê integra la Red Intercontinental de Organizaciones de Agricultores Ecológicos (INOFO), que representa a 95 millones de pequeños productores globales. En Brasil, estos agricultores generan el 80% de empleos rurales y el 70% de la comida consumida, produciendo globalmente más del 50% de las calorías mundiales. “Tenemos apenas el 15% de los fondos que recibe la agricultura industrial del Gobierno. Con poco hacemos mucho, imaginá todo lo que podríamos hacer con más”, asegura Thales Mendoça, director de INOFO y miembro de la Associação para o Desenvolvimento da Agroecologia (AOPA).

La red INOFO extiende su impacto más allá de Brasil, con iniciativas en Latinoamérica que impulsan la reforestación a través de la agroecología. En Colombia, la Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca (REDMAC), coordinada por Alfredo Añasco, promueve sistemas agroforestales que integran árboles nativos en fincas campesinas, restaurando suelos degradados y secuestrando carbono en más de 500 hectáreas de cultivos diversificados. Estos mercados ecológicos no solo venden productos orgánicos, sino que fomentan la regeneración de paisajes post-deforestación, conectando comunidades rurales con consumidores urbanos para un modelo circular y resiliente.

En Puerto Rico, la Alianza por la Agricultura, liderada por Julitza M. Nieves, ha impulsado proyectos de restauración que incluyen la plantación de miles de árboles nativos en áreas afectadas por huracanes y urbanización, alineados con prácticas agroecológicas que protegen la soberanía alimentaria caribeña. Sus esfuerzos, en colaboración con comunidades locales, han reforestado zonas vulnerables, mejorando la biodiversidad y la retención de agua frente al cambio climático. Estas ecoaldeas e iniciativas hermanas demuestran cómo la red INOFO transforma la degradación en abundancia, inspirando un movimiento continental por la reforestación agroecológica.

Esta iniciativa no solo restaura la tierra, sino que inspira un cambio global: de la degradación a la abundancia, demostrando que la agroecología es clave para combatir el cambio climático y fomentar comunidades sostenibles.

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