Con COP o sin COP, el consumo de carbón alcanzó otro record histórico

Sustentabilidad

El planeta arde, el carbón alcanza récords históricos y la Amazonía sangra hectáreas. Ni uno de los 45 objetivos climáticos se cumple, empujando a la humanidad hacia un colapso irreversible donde sequías, inundaciones y olas de calor arrasan vidas y economías, con un impacto global devastador y un castigo desproporcionado sobre Latinoamérica. Mientras, los políticos de la ONU planean un lujoso viaje de cinco estrellas a la COP30 (a Belem, el corazón del maltrecho Amazonas) en noviembre, con gastos pagados, para hablar sin comprometerse, como en la COP29, la 28 y tantas otras, dejando al mundo al borde del abismo.

El consumo de carbón trepa a 8.770 millones de toneladas en 2024, un aumento del 1% que drena 7 billones de dólares anuales en subsidios —7,1% del PIB mundial—, liberando dos tercios de las emisiones energéticas que han elevado las temperaturas globales a 1,55°C permanentes. Este calentamiento dispara huracanes que duplican su furia, incendios que consumen 16,6 millones de acres tropicales al año —18 campos de fútbol por minuto— y un nivel del mar 20 cm más alto desde 1900, amenazando con desplazar a 200 millones de personas para 2050 y generar pérdidas por 300.000 millones de dólares anuales en desastres.

La Amazonía, pulmón del mundo, sufre un saqueo brutal: en 2024 perdió 11,1 millones de hectáreas, un 11% más que en 2021, acumulando 65 millones de hectáreas devastadas desde 2015, equivalente a Chile. Brasil, Bolivia y Perú lideran esta tragedia, con un 30% del bosque amazónico destruido en el sureste, liberando 1,5 gigatoneladas de CO₂ anuales —un cuarto de las emisiones globales por deforestación— y reduciendo lluvias en un 40%, lo que seca ríos, dispara megaincendios y amenaza con convertir el 80% del bosque en sabana para 2050, colapsando su rol como sumidero de carbono y afectando al 20% de la biodiversidad global. Este desastre cuesta a la región miles de millones en pérdidas agrícolas y desplaza comunidades indígenas, con un impacto económico que podría reducir el PIB amazónico en un 10% anual.

A nivel global, los 45 indicadores climáticos están lejos de la meta de 1,5°C para 2030. El carbón, pese a caer porcentualmente, toca máximos por una demanda eléctrica que devora 8.500 millones de toneladas anuales, con subsidios fósiles de 1,5 billones de dólares en 2022. En contraste, solar y eólica duplican su cuota al 15% de la generación mundial, con 2,1 billones de dólares invertidos en 2024 y 585 gigavatios añadidos, creando empleos y abaratando energía, aunque insuficiente frente a un calentamiento que reduce la productividad global en un 10-20% por grado adicional.

La deforestación global escala a 8,1 millones de hectáreas anuales en 2024, con 86 millones perdidas desde 2015 —el tamaño de Pakistán—, financiada por 119.000 millones de dólares de bancos. En Latinoamérica, la Amazonía enfrenta sequías históricas —precipitaciones 40% menores— e inundaciones como las de Rio Grande do Sul (Brasil), con 2 millones de hectáreas anegadas y 1.500 millones en pérdidas. Huracanes de categoría 5 azotan el Caribe, mientras glaciares andinos pierden el 30% de su masa, amenazando con escasez hídrica para 2.000 millones de personas y cultivos como café y maíz con caídas del 14% en productividad.

Solo seis indicadores muestran avances, como los vehículos eléctricos —22% del mercado en 2024, 17 millones de unidades— y la financiación climática privada (622.500 millones en 2023). Pero 29 están rezagados, y cinco van en reversa: subsidios fósiles de 7 billones, pérdidas de manglares y alimentos, y más. El financiamiento climático global debe escalar a 6,3-6,7 billones anuales, 25 veces los 100.000 millones actuales, para evitar un colapso que en Latinoamérica podría triplicar costos por sequías e inundaciones, con 100.000 millones en daños para 2030.

Revertir esta catástrofe exige retirar 360 centrales de carbón al año, multiplicar por nueve los esfuerzos contra la deforestación —con retornos de 30 dólares por dólar invertido en la Amazonía— y erradicar subsidios fósiles. La región, que emite solo el 10% de los GEI pero sufre huracanes triplicados y sequías que secan el Amazonas, clama justicia climática. El informe urge investigación, equidad y acción sistémica para salvar el planeta y proteger a Latinoamérica, antes de que el colapso amazónico libere 100 gigatoneladas de CO₂ y condene a la humanidad a un futuro inhabitable.

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