En un paso clave hacia la mitigación del cambio climático, la planta Mammoth, considerada la "aspiradora gigante" más grande del planeta, arrancó sus operaciones este miércoles en Islandia. Desarrollada por la empresa suiza Climeworks, esta instalación utiliza tecnología de captura directa del aire (DAC, por sus siglas en inglés) para extraer dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, contribuyendo a reducir los niveles récord de gases de efecto invernadero registrados en 2023.
Mammoth representa un avance significativo: es diez veces más grande que su predecesora, Orca, inaugurada en 2021 en el mismo país. Con un diseño modular que permite apilar y desplazar fácilmente sus 72 contenedores colectores –de los cuales 12 ya están operativos–, la planta alcanzará su capacidad plena en los próximos meses. Alimentada por la abundante energía geotérmica limpia de Islandia, succiona el aire contaminado y lo filtra mediante procesos químicos para separar el CO2, que luego se inyecta en formaciones rocosas subterráneas en colaboración con la empresa islandesa Carbfix. Allí, el carbono se mineraliza naturalmente, convirtiéndose en piedra y quedando atrapado de forma permanente.
En su máximo rendimiento, Mammoth capturará 36.000 toneladas de CO2 al año, una cantidad equivalente a eliminar las emisiones de 7.800 automóviles con motor de gasolina durante un año completo. Sin embargo, el costo actual ronda los 1.000 dólares por tonelada capturada, aunque Climeworks aspira a reducirlo a entre 300 y 350 dólares para 2030, y llegar a 100 dólares hacia 2050, según Jan Wurzbacher, cofundador y codirector ejecutivo de la compañía.
Esta tecnología DAC ha ganado atención de gobiernos y empresas privadas en un contexto donde la quema de combustibles fósiles persiste, pese a las devastadoras consecuencias del calentamiento global. Científicos insisten en que, además de reducir emisiones, es imperativo remover carbono ya acumulado en la atmósfera. No obstante, la iniciativa no está exenta de controversias: críticos como Lili Fuhr, directora del programa de economía fósil del Centro para el Derecho Ambiental Internacional, advierten que estas soluciones "están plagadas de incertidumbres y riesgos ecológicos", y podrían distraer de políticas más directas contra los fósiles.
Stuart Haszeldine, profesor de captura y almacenamiento de carbono en la Universidad de Edimburgo, califica a Mammoth como "un paso importante en la lucha contra el cambio climático", al escalar la capacidad global de remoción de carbono. Aun así, enfatiza que el equipo actual mundial solo elimina 0,01 millones de toneladas métricas al año, lejos de las 70 millones necesarias para 2030, según la Agencia Internacional de Energía.
Climeworks, ajena a vínculos con la industria fósil, planea expandirse agresivamente: apunta a remover 1 millón de toneladas anuales para 2030 y 1.000 millones para 2050, con proyectos en Kenia y Estados Unidos en el horizonte. Mientras tanto, otras plantas DAC en desarrollo, como Stratos en Texas –con capacidad para 500.000 toneladas al año–, generan debates sobre su posible uso en recuperación mejorada de petróleo, lo que podría prolongar la dependencia de hidrocarburos.
Mammoth no solo simboliza la innovación tecnológica, sino un recordatorio urgente: remover carbono es esencial, pero insuficiente sin una transición inmediata lejos de los combustibles fósiles. La batalla contra el calentamiento global exige acción a escala planetaria.