La capa de ozono, esa barrera invisible a 25 kilómetros de altura que protege la vida en la Tierra de la radiación ultravioleta, muestra señales claras de recuperación, según expertos. Aunque el proceso llevará décadas, los avances son esperanzadores. En 2023, el agujero de ozono sobre la Antártida fue uno de los más grandes registrados, pero en 2024 se redujo a uno de los más pequeños, y en 2025 se mantiene en valores cercanos a la media, evidenciando una tendencia positiva.
Alberto Redondas, científico del observatorio atmosférico de Aemet en Izaña (Tenerife), destacó en una entrevista con EFE que la capa de ozono está en un proceso de recuperación, pero no se espera que alcance los niveles previos a 1980 hasta dentro de 50 años. Esto se debe a que sustancias como los clorofluorocarbonos (CFC), usadas desde los años 30 en refrigeradores y aerosoles, permanecen en la atmósfera por décadas y siguen causando daño. Además, emisiones ilegales, como las detectadas en China entre 2013 y 2018, y compuestos no regulados representan amenazas persistentes.
Datos recientes indican que la capa de ozono ha mejorado en un 1-3% por década desde el año 2000 en partes de la estratosfera. Las emisiones globales de sustancias que agotan el ozono han disminuido en más del 99% desde la entrada en vigor del Protocolo de Montreal en 1989. En las latitudes medias, la concentración de sustancias destructoras ha caído en más del 50% hacia los niveles de 1980 en 2022. Sobre la Antártida, el índice ha disminuido un 26% desde los valores pico de los años 90. El agujero de ozono dejó de expandirse alrededor del año 2000 y ahora comienza a cerrarse lentamente.
El Protocolo de Montreal, adoptado hace casi 40 años, ha sido clave para este logro. Este acuerdo internacional eliminó progresivamente los CFC, responsables del agujero de la capa de ozono, y es considerado un hito en la protección ambiental. Redondas lo describe como un ejemplo de “de la ciencia a la acción global”, lema del Día Mundial del Ozono de este año.
La recuperación de la capa de ozono es crucial porque estamos vivos gracias a ella, afirmó Redondas. Sin esta barrera, que filtra los rayos ultravioleta capaces de dañar el ADN, la vida no habría podido desarrollarse fuera de los océanos. Su regeneración reduce la exposición humana a la radiación UV, previniendo millones de casos de cáncer de piel y cataratas – se estima que el Protocolo de Montreal evitará 443 millones de casos de cáncer de piel y 63 millones de cataratas en EE.UU. solo. Además, contribuye a mitigar el cambio climático, evitando un calentamiento global adicional de 0.3-0.5°C para 2100 gracias a la eliminación de gases de efecto invernadero como los HFC.
Si se mantienen las políticas actuales, la capa de ozono volverá a los valores de 1980 alrededor de 2040 en la mayor parte del mundo, 2045 sobre el Ártico y 2066 sobre la Antártida. Para acelerar este proceso, es fundamental continuar con el cumplimiento del Protocolo de Montreal. A nivel individual, se puede contribuir al: mantener adecuadamente sistemas de aire acondicionado y refrigeración para evitar fugas de refrigerantes; desechar correctamente electrodomésticos viejos que contengan sustancias deplecionadoras; elegir productos ecológicos sin compuestos dañinos; reducir emisiones de óxido nitroso mediante prácticas agrícolas sostenibles; y abogar por políticas internacionales que fortalezcan la protección ambiental. Aunque la capa de ozono se regenera naturalmente al eliminar estas sustancias, la vigilancia es crucial ante amenazas como erupciones volcánicas, incendios forestales masivos o basura espacial.
La recuperación de la capa de ozono es una buena noticia para el medio ambiente, pero requiere un compromiso continuo para proteger este escudo vital que hace posible la vida en la Tierra.