En un mundo cada vez más interconectado, el comercio global se convirtió en un motor silencioso, pero poderoso, del cambio climático. Según el Global Methane Tracker 2025 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), las emisiones mundiales de metano superaron los 120 millones de toneladas en 2024, y su crecimiento no muestra signos de detenerse. Un estudio reciente, publicado el 3 de septiembre de 2025 en Nature Communications, revela que el comercio entre países en desarrollo, conocido como comercio Sur-Sur, es responsable del 30 % de estas emisiones, un dato alarmante que pone en jaque los esfuerzos globales para mitigar el calentamiento global.
El comercio entre países en desarrollo, que ahora representa el 60 % de las cadenas de suministro globales, está dominando el escenario económico mundial. Asia y la región del Pacífico lideran este fenómeno, impulsados por una industrialización acelerada y un crecimiento demográfico que alcanzó los 8.000 millones de personas en 2022. Según el análisis liderado por investigadores de las Universidades de Birmingham y Groninga, que examinó datos de 164 países y 120 sectores entre 1990 y 2023, los países en desarrollo generan el 40 % de las emisiones globales de metano. Este gas, con un potencial de calentamiento global 80 veces superior al del dióxido de carbono en un período de 20 años, se ha convertido en un enemigo crítico en la lucha contra el cambio climático.
El metano, con una vida atmosférica de apenas 10 años, ofrece una oportunidad única: reducir sus emisiones puede generar un impacto climático inmediato. Sin embargo, mientras los países desarrollados lograron disminuir sus emisiones en un 15 % desde 1990 gracias a mejoras en eficiencia y regulaciones como los sistemas de comercio de emisiones de la Unión Europea (ETS1 y ETS2), los países en desarrollo enfrentan un aumento del 25 % en el mismo período, impulsado por la falta de tecnologías avanzadas y normativas estrictas.
Sectores clave y soluciones prácticas
El estudio identifica sectores críticos que alimentan las emisiones de metano. La producción de fertilizantes genera 15 millones de toneladas anuales, mientras que la extracción de petróleo y gas libera 200 millones de metros cúbicos de este gas cada año. La ganadería, responsable del 12 % de las emisiones antropogénicas de metano, y la gestión de residuos también son áreas prioritarias. Los investigadores proponen soluciones concretas: mejorar las formulaciones de piensos para el ganado podría reducir las emisiones en un 20 %, mientras que optimizar la gestión de residuos podría lograr una disminución del 10 %. Además, reducir el consumo de carne roja emerge como una estrategia poderosa para aliviar la presión sobre el clima.
El profesor Yuli Shan, autor principal del estudio, subraya la urgencia de actuar: "El metano tiene una vida atmosférica corta, lo que significa que las reducciones actuales pueden tener un impacto inmediato. Es imperativo que las regiones en desarrollo, donde las emisiones crecen más rápido, adopten medidas coordinadas".
Cadenas de suministro bajo la lupa
El comercio global no solo impulsa el crecimiento económico, sino que también redistuye las emisiones de metano a través de las cadenas de suministro. Según el coautor del estudio, el profesor Klaus Hubacek de la Universidad de Groninga, "no se trata solo de dónde se producen las emisiones, sino de por qué. Esto requiere examinar toda la cadena de suministro". Desde 1990, las emisiones relacionadas con el comercio Sur-Sur han aumentado un 20 %, reflejando la creciente dependencia de los países en desarrollo en sectores intensivos en metano.
A pesar de este panorama, hay avances esperanzadores. Las mejoras en la eficiencia energética y las tecnologías de producción más limpias han reducido los coeficientes globales de emisiones de metano en un 67 % entre 1998 y 2023. Tecnologías como la detección de fugas en el sector energético han disminuido las emisiones en un 8 % en algunos países desarrollados, demostrando que el progreso es posible con las herramientas adecuadas.
Un llamado a la acción global
El metano no solo contribuye al 30 % del calentamiento global desde la era preindustrial, sino que también está vinculado a un millón de muertes prematuras anuales debido a la contaminación atmosférica. Con el 35 % de las emisiones antropogénicas provenientes del sector energético —incluyendo petróleo, gas, carbón y bioenergía—, la AIE estima que reducciones en este sector podrían bajar la temperatura global en 0.1 °C para 2050. Este impacto, aunque modesto, es un paso crucial hacia un futuro más sostenible.
El desafío es claro: el comercio global, especialmente entre países en desarrollo, debe alinearse con estrategias climáticas ambiciosas. Integrar la mitigación del metano en las políticas nacionales, adoptar tecnologías avanzadas y promover cambios en los patrones de consumo son pasos esenciales para frenar este gas de efecto invernadero. En un mundo donde el tiempo apremia, el metano ofrece una oportunidad única para actuar con rapidez y marcar la diferencia. La pregunta ahora es: ¿estamos listos para aprovecharla?