Kabul: La primera capital moderna en riesgo de quedarse sin agua

Sustentabilidad

El agua es un recurso tan valioso como el oro, pero muchas veces no se le da la importancia que merece, hasta que es demasiado tarde. Eso es precisamente lo que sucedió en Kabul, la capital de Afganistán. La ciudad lamenta sus decisiones pasadas y enfrenta una grave crisis que podría convertirla en la primera metrópolis moderna del mundo en quedarse completamente seca.

 Con más de seis millones de habitantes, Kabul se encuentra al borde de un colapso hídrico que amenaza la salud, la economía y la estabilidad social de sus residentes.

Una ciudad que lamenta sus decisiones

El agua es un recurso vital, pero no ilimitado. Mientras en muchas partes del mundo asumimos que al abrir una llave el agua fluirá automáticamente, millones de personas sufren escasez diaria. Esta realidad ya no se limita a zonas rurales o remotas; ha alcanzado ciudades enteras, y Kabul es un ejemplo alarmante. Según informes recientes de UNICEF y Mercy Corps, si las tendencias actuales continúan, la capital afgana podría agotar sus reservas de agua subterránea para 2030, convirtiéndose en la primera ciudad de este tipo en enfrentar tal destino.

En Asia, esta crisis obliga a miles de familias a pagar precios exorbitantes por cada litro de agua o a sacrificar horas de trabajo y estudio solo para beber, cocinar o asearse. Kabul, con su crecimiento poblacional explosivo después de 2001, ha visto cómo la demanda supera con creces la oferta. La falta de infraestructura adecuada ha llevado a una extracción descontrolada de agua subterránea, bajando los niveles hasta 30 metros en la última década. A esto se suma el cambio climático, que reduce las nevadas en las montañas cercanas –fuente esencial de recarga mediante el derretimiento lento– y agrava las sequías.

La suspensión de la ayuda externa ha empeorado la situación: la ciudad cuenta solo con 8 millones de dólares para agua y saneamiento, frente a los 264 millones necesarios. Organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) y UNICEF destacan que 33 millones de afganos enfrentan escasez severa, con Kabul como epicentro de una emergencia sanitaria, económica y social.

La peor combinación de factores

La crisis en Kabul resulta de malas decisiones humanas y factores ambientales. Tras el 2001, la población se disparó sin inversiones en infraestructura, llevando a una explotación incontrolada de acuíferos. El cambio climático intensifica el problema con temperaturas más altas y menos nieve, mientras que la contaminación industrial afecta hasta el 80% del agua subterránea, provocando enfermedades como diarrea y vómitos.

Residentes como Abdul Shakoor gastan hasta 29 dólares cada dos días en camiones cisterna, un costo prohibitivo para la mayoría. Otros, como la familia de Sayed Hamed, forman largas filas en mezquitas o pozos comunitarios, donde niños pierden clases y mujeres enfrentan riesgos de acoso. Si no se actúa, Kabul podría ver una migración masiva, pasando a la historia como la primera capital sin agua, a menos que se implementen soluciones innovadoras, como la generación de agua a partir de la humedad atmosférica o el reciclaje avanzado, técnicas usadas en países como Alemania para "crear" agua de la nada mediante tecnologías de condensación y purificación.

Posibles fuentes de agua y ayuda internacional

Ante esta urgencia, Kabul podría obtener agua a través de diversas fuentes, priorizando la cooperación transfronteriza y proyectos de infraestructura. Las reservas subterráneas locales son limitadas, pero los ríos transfronterizos ofrecen potencial: el río Kabul, compartido con Pakistán, contribuye al 35% del flujo hídrico afgano y podría usarse para hidroeléctrica e irrigación mediante acuerdos bilaterales. El Amu Darya, en el norte, compartido con Tayikistán y Uzbekistán, representa el 38% del agua saliente y podría desarrollarse con inversiones en presas y canales.

Otras opciones incluyen el reciclaje de aguas residuales, la construcción de redes de distribución climáticamente resistentes y, en menor medida, importaciones temporales de agua embotellada o cisternas desde vecinos, aunque esto no es sostenible a largo plazo debido a costos logísticos. Organizaciones como Mercy Corps proponen involucrar al sector privado en proyectos de gran escala para aliviar la crisis.

Países que podrían ayudar incluyen vecinos como Pakistán e Irán, que comparten cuencas y podrían cooperar en gestión conjunta a cambio de estabilidad regional, acceso a rutas comerciales y participación en la explotación de minerales afganos como litio, cobre y hierro –recursos valorados en billones de dólares–. India y China han mostrado interés en invertir en presas y hidroeléctrica, a cambio de influencia geopolítica y contratos mineros. Países centroasiáticos como Tayikistán y Uzbekistán podrían asistir en el Amu Darya, exigiendo garantías contra terrorismo transfronterizo y cuotas equitativas de agua. Occidente, a través de EE.UU., la UE y agencias como UNICEF e ICRC, proporciona ayuda humanitaria, pero condicionada a avances en derechos humanos, especialmente para mujeres, y a cambio de cooperación en seguridad global.

Impacto en las reservas de los países donantes

Proporcionar ayuda a Kabul no implicaría un agotamiento directo de las reservas hídricas de los donantes, ya que la asistencia se centra en financiamiento de proyectos, no en exportaciones masivas de agua (imprácticas para una ciudad landlocked). Sin embargo, en cuencas compartidas como el Kabul o Amu Darya, el desarrollo de presas en Afganistán podría reducir el flujo downstream, afectando reservas en Pakistán (donde el río Kabul alimenta el Indo) o en Uzbekistán, potencialmente exacerbando sequías locales si no hay acuerdos equitativos. Informes de la GAO indican que tales actividades podrían impactar la disponibilidad regional, generando tensiones si no se gestionan con diplomacia hídrica. Para donantes occidentales, el impacto es más financiero y político, con riesgos de "fatiga donante" si no hay progresos en gobernanza.

En resumen, la crisis de Kabul es un llamado de alerta global. Con cooperación internacional y gestión sostenible, podría evitarse el desastre, pero el tiempo apremia. Si no, millones podrían verse forzados a abandonar su hogar, recordándonos que el agua no es solo un recurso, sino el hilo que une la vida humana.