Si los científicos del Conicet analizaran nuestros ríos, no sería una transmisión tan divertida

Sustentabilidad

Científicos del Conicet, en colaboración con el Schmidt Ocean Institute, llevaron a cabo la expedición “Talud Continental IV” en el cañón submarino de Mar del Plata, a más de 3.900 metros de profundidad.

Esta misión captó la atención mundial al descubrir y transmitir en vivo por YouTube más de 200 especies, muchas de ellas observadas por primera vez en su entorno natural. Entre los protagonistas destacaron esponjas carnívoras que se alimentan de crustáceos, peces bioluminiscentes, transparentes o “fantasmas” que nadan en la oscuridad, rayas de aguas profundas, calamares gigantes, peces trípode, estrellas de mar abisales (como la popular estrella “culona”), cangrejos de profundidad y pepinos de mar. La pasión de los especialistas y los fascinantes hallazgos generaron un entusiasmo contagioso en el público.

Pero, ¿qué pasaría si trasladáramos una expedición similar a los ríos de nuestra región, como el Gualeguaychú? En dialogó con el naturalista Gustavo Puente y Norberto Oldani, exinvestigador del Conicet, para explorar esta posibilidad y analizar el estado de los ecosistemas acuáticos locales.

Oldani comenzó aclarando las limitaciones técnicas de explorar un río: “Un río no es como el océano. Sus aguas oscuras, llenas de sedimentos y materia orgánica, hacen que una cámara no pueda captar nada. Habría que recurrir a técnicas como el ultrasonido, que, mediante cálculos matemáticos, podría mapear especies en distintos estratos del ambiente acuático”. Sin embargo, más allá de las dificultades técnicas, ambos expertos coincidieron en un diagnóstico alarmante sobre la salud de los ríos de la provincia.

“El río Uruguay está sumamente castigado”, afirmó Oldani. “Las constantes floraciones algales, que provocan falta de oxígeno y mortandad de peces, son un indicador claro de contaminación. Las principales causas son los efluentes cloacales, desechos de basurales y el lavado de contaminantes desde los campos”. Gustavo Puente, por su parte, fue igualmente crítico: “El fondo de los ríos está totalmente alterado, mucho más que el océano. Los problemas antrópicos, como la falta de retención hídrica en las ciudades, tienen un impacto tremendo. El agua de lluvia arrastra contaminantes rápidamente por el cemento, afectando el caudal y el ecosistema del río”.

Puente también comparó la situación actual con la de hace un siglo: “Si hubiéramos explorado estos ríos hace 100 años, el panorama sería completamente diferente. Hoy, el lecho de los ríos está alterado por infraestructuras y la actividad agrícola. Los dragados, cada vez más comunes, tienen un impacto devastador”. Oldani añadió que especies clave, como el sábalo, que sostiene la diversidad de la cuenca (junto con surubí, dorado, pacú, manguruyú y bagre), están disminuyendo a niveles catastróficos debido a la sobrepesca, especialmente por grandes acopiadores que no respetan los períodos de reproducción. “La pérdida de talla en las especies es un problema grave, y los funcionarios tienen mucha responsabilidad en esto”, subrayó.

Ambos especialistas coincidieron en que la solución comienza por la concientización. “El trabajo más importante es tomar conciencia de los riesgos y el futuro de nuestras aguas”, afirmó Oldani. Puente, en una reflexión final, sintetizó: “Explorar el fondo del río sería una gran idea, pero al conocerlo, nos daríamos cuenta de que lo más importante es haberlo cuidado”.