Contaminación del aire en Sudamérica: Argentina enfrenta desafíos por falta de estudios y recursos

Sustentabilidad

La contaminación del aire, tanto en interiores como en exteriores, afecta desproporcionadamente a los países de medianos y bajos recursos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Argentina, esta problemática es particularmente preocupante debido a la escasez de estudios científicos, recursos y datos detallados para abordarla. Una investigación internacional, en la que participó el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) y el CONICET, reveló que en Sudamérica, donde el 80% de la población está expuesta a niveles peligrosos de partículas nocivas.

“En Argentina, notamos una falta de recursos de todo tipo. El monitoreo reglamentario es escaso, y la comunidad científica especializada en calidad del aire es pequeña dentro del ámbito de las ciencias ambientales o atmosféricas”, señaló la doctora en Ciencias de la Atmósfera Andrea Pineda Rojas, investigadora del CIMA y del CONICET, y coautora del estudio publicado en Current Opinion in Environmental Science & Health. “Esto dificulta la capacidad para asesorar técnicamente y acompañar los procesos de gestión”, añadió. La investigadora destacó que los países que han logrado avances significativos en este tema son aquellos que han invertido de manera sostenida en su estudio, algo que Argentina necesita implementar con urgencia.

Para equiparar la información que manejan países de Europa, América del Norte y Asia, Argentina debería priorizar estudios que combinen mediciones detalladas de contaminantes atmosféricos con análisis de sus impactos en la salud pública. Esto incluye la instalación de redes de monitoreo continuo en áreas urbanas y rurales para medir partículas PM2.5, PM10, dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono, así como estudios epidemiológicos que evalúen la relación entre la exposición a estos contaminantes y enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras afecciones. Además, se necesitan investigaciones específicas sobre la contaminación en interiores, especialmente en zonas rurales donde la quema de biomasa para cocinar o calefaccionarse es común, y su impacto en grupos vulnerables como niños y ancianos. Pineda Rojas enfatizó que “es crucial desarrollar bases de datos de salud detalladas, que incluyan registros hospitalarios y tasas de morbilidad, para identificar patrones y áreas críticas”.

El financiamiento de estos estudios podría provenir de una combinación de fuentes públicas y privadas. A nivel nacional, el CONICET y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación podrían destinar fondos específicos para proyectos de calidad del aire, mientras que los gobiernos provinciales y municipales podrían contribuir con recursos para el monitoreo local. A nivel internacional, Argentina podría buscar apoyo de organismos como la OMS, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) o bancos de desarrollo como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que financian iniciativas de sostenibilidad ambiental. Además, alianzas con universidades y centros de investigación extranjeros, como los que lideran estudios en Brasil o Chile, podrían facilitar la transferencia de tecnología y conocimiento, además de cofinanciamiento para proyectos conjuntos. “Los países que han avanzado en este tema han invertido de manera sostenida, y Argentina necesita seguir ese modelo para generar datos robustos y políticas efectivas”, afirmó Pineda Rojas.

El estudio, que revisó más de 90 trabajos científicos sobre la contaminación del aire en Sudamérica, también constató una gran desigualdad en la producción científica dentro del subcontinente. Argentina, junto con Chile, Colombia y Perú, produce significativamente menos literatura revisada por pares que Brasil, que lidera la región en este aspecto. A pesar de estas limitaciones, los efectos de la contaminación del aire sobre la salud están sólidamente documentados a nivel internacional, y las recomendaciones de la OMS subrayan la urgencia de actuar sin demora, según enfatizó Pineda Rojas.

Panorama regional: desigualdades y problemáticas comunes

En el resto de Sudamérica, la situación no es menos alarmante. La OMS estima que una “abrumadora” mayoría de muertes prematuras por contaminación del aire ocurre en países de medianos y bajos recursos. En el subcontinente, donde el 80% de la población está expuesta a niveles peligrosos de partículas nocivas, la quema desmedida de biomasa en la región amazónica, relacionada con la deforestación y la agricultura, es una problemática particular. “Estas emisiones contaminan no solo el aire a nivel local, sino que afectan prácticamente toda la región”, explicó Valeria Mardoñez-Balderrama, primera autora del estudio y actual investigadora del Laboratorio de Física de la Atmósfera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia.

Las mediciones de contaminantes en el aire muestran que varias ciudades sudamericanas superan ampliamente las directrices de la OMS. Por ejemplo, mientras la OMS recomienda que el promedio anual de dióxido de nitrógeno no supere los 10 μg/m³, en 2023 Santiago de Chile registró 39,5 μg/m³, Sao Paulo 36 μg/m³, Quito 25,5 μg/m³ y Bogotá 24,3 μg/m³. Lo mismo ocurre con las partículas de tamaño inferior a 2,5 μm (PM2.5), donde estas ciudades duplican o cuatriplican los límites recomendados.

Impactos en la salud y poblaciones vulnerables

Los escasos estudios que analizan el impacto de la contaminación del aire en la salud en Sudamérica revelan datos preocupantes. En Brasil, un trabajo de 2013 demostró altos niveles de carboxihemoglobina en conductores de mototaxis, debido a la exposición al monóxido de carbono en entornos laborales y ambientales. Otro estudio en el mismo país vinculó el aumento de partículas contaminantes (PM10) con mayores riesgos de mortalidad por enfermedades respiratorias en bebés y niños en megaciudades como Río de Janeiro, Sao Paulo y Santiago de Chile.

En cuanto a la contaminación en interiores, un estudio en Perú mostró que el uso de biomasa para cocinar o calefaccionarse en áreas rurales está asociado con presión arterial más alta y niveles elevados de monóxido de carbono exhalado, ambos marcadores de riesgo cardiovascular e inflamación. Este problema es común en muchas zonas rurales de Sudamérica, donde la quema de biomasa sigue siendo una práctica extendida.

Llamado a la acción

La investigación subraya la necesidad de aumentar los recursos y la producción científica en Sudamérica, especialmente en países como Argentina, donde las limitaciones son más evidentes. “En muchos países de la región, la falta de datos y monitoreo dificulta la gestión, pero no la imposibilita”, afirmó Pineda Rojas. Las recomendaciones de la OMS son claras: actuar con urgencia para mitigar los efectos de la contaminación del aire es crucial para proteger la salud de las poblaciones más vulnerables y reducir las desigualdades en la región.