La contaminación lumínica en árboles iluminados no solo borra las estrellas del firmamento nocturno: un estudio científico revela que dispara la producción de polen y agrava las alergias al polen en ciudades de todo el mundo, incluyendo España y Europa.
Un nuevo análisis publicado en la revista PNAS Nexus y basado en datos satelitales de la NASA demuestra que el exceso de luz artificial prolonga la actividad de los árboles, los mantiene verdes más tiempo y multiplica la cantidad de polen que liberan al aire. Los árboles iluminados con fines decorativos o por farolas urbanas florecen antes y durante más semanas, convirtiendo parques y avenidas en auténticas fábricas de alérgenos.
Los investigadores compararon mapas de iluminación artificial con los periodos habituales de polinización. En zonas con poca o ninguna contaminación lumínica, los recuentos elevados de polen duran entre 170 y 210 días al año. En cambio, en ciudades sobreiluminadas como Nueva York —y replicable en Madrid, Barcelona o cualquier núcleo urbano europeo— los días con niveles altos de polen se disparan hasta 300 al año. Además, la gravedad se incrementa: hasta un 27 % de los días alcanzan niveles severos frente al 17 % en áreas oscuras.
Este fenómeno agrava los síntomas de millones de personas alérgicas y aumenta el riesgo para quienes padecen asma u otras enfermedades respiratorias. “Más luz artificial, más polen y más alergias”, resumen los autores del estudio.
La paradoja es evidente: muchas personas iluminan árboles por moda o diseño urbano, buscando estética navideña, embellecimiento de calles o simple costumbre, sin tomar dimensión de las consecuencias ambientales y sanitarias. Farolas potentes mal orientadas, focos decorativos encendidos toda la noche y luces de alta energía azul convierten lo que debería ser un gesto inocente en un factor de contaminación lumínica que altera ciclos naturales y afecta directamente la salud pública.
Los expertos proponen soluciones concretas y urgentes: reducir los niveles de iluminación, proteger las luminarias para que no incidan sobre la vegetación, instalar sensores de movimiento que apaguen las luces cuando no se necesitan y eliminar la luz azul de alta energía, la principal responsable del aumento de polen. En su lugar, recomiendan luces cálidas en tonos ámbar, amarillo o naranja, que además resultan más acogedoras para la vista humana.
La contaminación lumínica ya no es solo un problema de astronomía o biodiversidad nocturna. Es un factor directo en la intensificación de las alergias al polen que sufren cada primavera millones de ciudadanos. #ContaminacionLuminica #AlergiasAlPolen #ArbolesIluminados #EstudioNASA #SaludRespiratoria #IluminacionUrbana #MedioAmbiente #PolenDisparado