Trump incentiva catástrofe ambiental

Sustentabilidad

En un movimiento que acelera el cambio climático y pone en jaque ecosistemas vitales, Donald Trump impulsa un ambicioso programa de extracción de petróleo y gas offshore, bajo el lema "Perfora, perfora, perfora". Este plan, que incluye decenas de contratos de arrendamiento en zonas protegidas, podría desencadenar derrames catastróficos similares al de Deepwater Horizon, afectando playas de Florida, el mar Caribe y el Ártico. Expertos advierten sobre impactos irreversibles en la biodiversidad y la humanidad, mientras opositores políticos se movilizan contra esta avidez extractivista.

El gobierno de Donald Trump ha dado luz verde a un expansivo programa de arrendamiento para perforaciones en alta mar, que supera en ambición a cualquier administración anterior. Según el borrador del Departamento del Interior, se autorizan hasta 34 contratos entre 2024 y 2031, distribuidos en 21 yacimientos cerca de Alaska, 6 en el Pacífico y 7 en el Golfo de México. A esto se suman 36 licitaciones adicionales mandatadas por el Congreso a través de la Ley "One Big Beautiful Bill", firmada en julio de 2025, que incluyen 30 en el Golfo y 6 en la bahía de Cook hasta 2032.

Este auge extractivista beneficia directamente a multinacionales como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y Halliburton, pero a un costo ambiental incalculable. Proyecciones del Centro para la Diversidad Biológica estiman más de 4 mil derrames potenciales en aguas estadounidenses, con la liberación de al menos 50 millones de litros de crudo en zonas ecológicamente sensibles. El recuerdo del desastre de Deepwater Horizon en 2010, que vertió más de 800 millones de litros en el Golfo, sirve como advertencia: un nuevo incidente podría propagarse rápidamente por corrientes marinas, contaminando costas de Florida, Cuba, Puerto Rico, las Bahamas y las Antillas.

Simulaciones del Current Lab revelan escenarios alarmantes: un derrame en el Golfo rodearía la península de Florida, afectando playas icónicas como Miami y West Palm Beach, e incluso llegando al club Mar-a-Lago, la residencia personal de Trump. En el Ártico, la explotación aceleraría el derretimiento del hielo, alterando ecosistemas frágiles y exacerbando el calentamiento global. "Sabemos que la derecha no cree en el calentamiento global ni en el cambio climático, aunque no tiene mayor inconveniente en incentivarlos si con ello alimenta el lucro", critica el análisis, destacando cómo esta política prioriza la acumulación capitalista sobre la sostenibilidad.

La oposición no se hace esperar. En la costa oeste, estados demócratas como California, Oregon y Washington forman un bloque unido, liderado por el gobernador Gavin Newsom, quien ve en esta crisis una oportunidad para fortalecer su candidatura en las primarias demócratas. Incluso en Florida, bastión republicano, legisladores y el gobernador Ron DeSantis expresan malestar, argumentando que los riesgos para el turismo y la economía local superan cualquier beneficio. Movimientos ambientalistas y antisistémicos ganan terreno, potenciando una oleada de protestas que podría influir en las elecciones parlamentarias de noviembre.

Esta apuesta por el "capitalismo extractivista" no solo amenaza la vida marina y la biodiversidad, sino que podría desencadenar una crisis regional en el Caribe, con impactos irreversibles para generaciones futuras. ¿Hasta dónde llegará la ambición de Trump en su cruzada por el petróleo? La respuesta podría definir el futuro ambiental del planeta.