En un escenario alarmante para la seguridad energética del país, expertos advierten que Perú podría enfrentar un apagón masivo si no acelera la transición hacia energías renovables. Con reservas de gas natural que solo cubren 13 años de consumo al ritmo actual, la matriz eléctrica peruana –dominada por hidroeléctricas y termoeléctricas– corre el riesgo de perder la mitad de su capacidad, agravado por la resistencia de las plantas termoeléctricas a la competencia. Esta crisis inminente, marcada por subsidios indirectos y regulaciones obsoletas, urge reformas para evitar desabastecimientos y promover energía solar y eólica, clave para un futuro sostenible.
La dependencia del gas natural de Camisea ha sido el pilar de la generación termoeléctrica, que representa entre el 39% y el 47% de la electricidad nacional. Sin embargo, al 2025, las reservas desarrolladas solo garantizarán 13 años más de suministro, con la producción cercana a su límite máximo. Esto pone en jaque la estabilidad del sistema, donde las hidroeléctricas aportan el 50% al 53%, pero las renovables no convencionales –como solar y eólica– apenas alcanzan el 10%, muy por debajo del 38% en países vecinos como Chile.
Expertos como Jaime Luyo Kuong señalan que el verdadero apagón no vendrá de la expansión renovable, sino de la demora en actualizar normativas. "La regulación actual favorece a las termoeléctricas con subsidios indirectos, precios hundidos del gas y exoneraciones ambientales, distorsionando la competencia y frenando inversiones en renovables", explica. Esta resistencia se manifiesta en la exclusión de la potencia firme de paneles solares en cálculos de horas punta, ignorando el cambio en la demanda diurna impulsada por la electrificación.
La inestabilidad política ha exacerbado el problema: modificaciones a la Ley 28832 en 2025, mediante la Ley N° 32249, buscan promover renovables, pero demoras en reglamentos pendientes –atribuidas a presiones de gremios eléctricos– han suspendido subastas clave. El Comité de Operación Económica del Sistema (COES) insta a una mayor integración de renovables para fortalecer la seguridad energética, destacando que el sistema peruano, mallado y ancho, facilita la gestión de fuentes intermitentes sin riesgos de congestión, a diferencia de sistemas radiales como el chileno.
Entre las soluciones propuestas destacan la implementación de servicios complementarios para regular frecuencia y voltaje, el fomento de almacenamiento en baterías y sistemas grid forming, y la creación de un mercado "day-ahead" vinculante. Además, se urge centralizar el control de frecuencia, diagnosticar poder de mercado, incorporar penalidades proporcionales y reconocer las externalidades positivas de las renovables, como la reducción de la pobreza energética mediante generación distribuida y microrredes.
Sin estas reformas, Perú enfrenta no solo desabastecimientos a largo plazo, sino vulnerabilidades inmediatas por criterios obsoletos. La transición ordenada a renovables no solo evitaría el colapso, sino que impulsaría un sistema más competitivo, seguro y sostenible, alineado con la realidad tecnológica y los picos de demanda diurnos que coinciden con la producción solar.