El ambicioso plan de 10.000 millones de dólares para convertir Chubut en el Silicon Valley argentino

Sustentabilidad

Chubut avanza con paso firme hacia su sueño de convertirse en un hub tecnológico global, con un plan que promete captar 10.000 millones de dólares en inversiones para construir data centers de última generación y un corredor bioceánico digital que conecte el Atlántico con el Pacífico. Sin embargo, mientras el proyecto es presentado como una oportunidad histórica para diversificar la economía patagónica y generar miles de empleos calificados, especialistas y organizaciones ambientales advierten sobre posibles impactos ambientales significativos que podrían afectar recursos clave de la región: agua, energía y ecosistemas frágiles.

El principal atractivo ambiental que promueven los impulsores es el clima frío patagónico, ideal para el free cooling (enfriamiento natural con aire exterior), lo que reduce drásticamente el consumo de agua en comparación con data centers instalados en zonas cálidas. Según expertos, en regiones como Chubut el uso de agua para refrigeración puede disminuir hasta un 90 % respecto a instalaciones en climas templados o cálidos. Además, el proyecto se presenta con suministro 100 % renovable, apoyado en acuerdos con generadores eólicos y solares de empresas como Genneia y Central Puerto, lo que minimizaría la huella de carbono asociada al consumo eléctrico masivo de estos centros.

Sin embargo, la otra cara de la moneda genera preocupación. Los data centers de alta densidad (especialmente los orientados a inteligencia artificial) son infraestructuras extremadamente demandantes:

  • Consumo energético: un solo campus de gran escala puede requerir la potencia equivalente a una ciudad mediana (cientos de megavatios), lo que podría tensionar la red eléctrica regional, incluso si se abastece con fuentes renovables.
  • Demanda de agua: aunque el free cooling reduce el uso, aún se necesitan volúmenes importantes para sistemas de respaldo y humidificación. En una zona con estrés hídrico creciente por cambio climático, esto podría competir con otros sectores (agricultura, ganadería, comunidades locales y generación hidroeléctrica).
  • Impacto en ecosistemas: la construcción de múltiples data centers y la traza de fibra óptica a través de la cordillera (incluyendo pasos como Cardenal Samoré) implica movimiento de suelos, intervención en áreas naturales protegidas y posible fragmentación de hábitats.
  • Contaminación acústica y visual: el funcionamiento continuo de sistemas de refrigeración genera ruido constante y grandes estructuras que alteran paisajes patagónicos.

Organizaciones ambientalistas y especialistas han calificado a la Patagonia como una potencial “zona de sacrificio digital”, donde los beneficios económicos globales se obtienen a costa de costos locales en recursos naturales. Aunque el proyecto en Chubut enfatiza la sustentabilidad y el uso de energías limpias, aún no se han publicado estudios de impacto ambiental acumulativo detallados ni evaluaciones estratégicas que consideren el efecto combinado de varios data centers operando simultáneamente.

Desde el sector promotor, Horacio Martínez (CEO de Silica Networks) y Miguel Ángel Pesado (IAA) insisten en que el frío patagónico y la disponibilidad de energía renovable convierten a la provincia en una de las ubicaciones más eficientes y menos contaminantes del mundo para esta industria. No obstante, la experiencia internacional muestra que incluso con tecnologías avanzadas, los mega data centers suelen generar conflictos por competencia hídrica y presión sobre redes energéticas.

El desafío para Chubut será claro: maximizar los beneficios económicos y de empleo mientras se implementan controles ambientales estrictos, auditorías independientes y participación comunitaria. Solo así el sueño del Silicon Valley patagónico podrá avanzar sin convertir la Patagonia en una nueva zona de sacrificio ambiental.