Investigadores de la Universidad RMIT en Melbourne, Australia, han logrado un avance disruptivo en la captura y conversión de dióxido de carbono que podría revolucionar la producción de combustibles sostenibles para aviación (SAF). El sistema integra en un solo paso la remoción de CO₂ de gases de escape industriales y su transformación electroquímica en bloques químicos básicos, eliminando la necesidad de purificación previa y reduciendo drásticamente el consumo energético y la complejidad operativa. Esta innovación, publicada en la prestigiosa revista Nature Energy, representa un paso clave hacia la descarbonización de uno de los sectores más difíciles de electrificar: el transporte aéreo.
El equipo, liderado por el Distinguished Professor Tianyi Ma de la Escuela de Ciencias de RMIT, junto con el investigador principal Peng Li (autor principal del estudio) y la colaboración de Dr. Lei Zhang, ha desarrollado un prototipo funcional de 3 kilovatios que ya ha sido probado en condiciones industriales reales.
A diferencia de enfoques tradicionales que separan la captura y la conversión —lo que genera altos costos energéticos y limitaciones prácticas—, este dispositivo opera directamente con emisiones no purificadas, convirtiendo el CO₂ en componentes químicos fundamentales que luego pueden refinarse mediante procesos industriales establecidos para producir combustible de aviación de bajas emisiones y otros productos derivados tradicionalmente de combustibles fósiles.
"Las aproximaciones actuales a menudo han sido ineficientes y demandantes de energía. Al unir las etapas de conversión, hemos logrado simplificar el proceso y reducir pérdidas innecesarias de energía", explicó Tianyi Ma. Por su parte, Peng Li destacó: "El sistema de RMIT funciona sin necesidad de CO₂ altamente purificado, algo fundamental en entornos industriales reales". Esta integración permite ubicar la tecnología cerca de grandes focos emisores, como plantas industriales, minimizando logística y maximizando eficiencia.
El prototipo de 3 kW ha demostrado estabilidad, bajo consumo y viabilidad práctica. La hoja de ruta incluye:
- Un piloto de 20 kilovatios en colaboración con socios industriales.
- Un demostrador a escala de 100 kilovatios.
- Madurez comercial estimada en aproximadamente seis años.
Aunque no produce combustible de jet directamente, genera los "bloques de construcción químicos" necesarios para SAF, contribuyendo a cerrar el ciclo de emisiones y fomentar una economía circular en la industria energética. Expertos independientes han calificado el avance como un paso hacia sistemas de conversión de carbono integrados y de bajo consumo energético.
En un contexto donde la aviación enfrenta presiones crecientes por sus emisiones (responsable de alrededor del 2-3% del CO₂ antropogénico global y con limitadas opciones de electrificación para vuelos largos), esta tecnología australiana ofrece una vía realista para reducir la dependencia de combustibles fósiles sin esperar soluciones mágicas. Combinada con inversiones gubernamentales en Australia para combustibles bajos en carbono, podría acelerar la transición hacia cielos más limpios.
Este desarrollo posiciona a Australia como referente en tecnología climática y refuerza la urgencia global de invertir en soluciones prácticas contra el cambio climático.
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