Crisis ecológica en Turquía: La desaparición de 186 lagos y humedales que amenaza la biodiversidad global

Sustentabilidad

Turquía ha perdido 186 de sus 250 lagos en las últimas décadas, convirtiendo paraísos de aves en desiertos polvorientos y amenazando la biodiversidad global con una crisis ecológica masiva agravada por el cambio climático, presas, agricultura insostenible y sobreexplotación de recursos hídricos. Sin embargo, expertos coinciden en que parte del daño es reversible mediante restauración urgente, eficiencia hídrica y políticas basadas en la ciencia, con proyectos concretos en marcha para salvar emblemáticos como el lago Mármara y otros humedales en riesgo.

En la provincia de Manisa, el lago Mármara —un oasis de 44,5 km² que atraía turistas y albergaba casi 20.000 aves como pelícanos blancos, fumareles cariblancos, cormoranes y flamencos— comenzó a secarse en 2011 tras la construcción de la presa de Gördes, que desvío sus flujos vitales hacia el riego agrícola. Para 2021 había perdido el 98% de su superficie, dejando barcos varados en un desierto árido y comunidades locales devastadas por la pérdida de pesca y turismo. Este caso no es aislado: de los 250 lagos históricos, 186 se han secado completamente en los últimos 50-60 años, muchos en la última década, según expertos como Erol Kesici, asesor de la Sociedad Turca para la Conservación de la Naturaleza (TTKD). Otros ejemplos incluyen el lago Seyfe (santuario de más de 200.000 flamencos ahora amenazado por una mina de oro cercana), el lago Tuz (convertido en cementerio de aves tras su desecación), el lago Akşehir, el lago Van (con niveles bajando drásticamente y revelando estructuras antiguas en 2025), y el lago Kuyucuk (con poblaciones de aves en caos).

Las causas principales son antropogénicas: la construcción masiva de presas desde la década de 1950 alteró sistemas fluviales y redujo caudales ecológicos; el 77% del agua se destina a agricultura con cultivos intensivos en agua (maíz, remolacha) y riego por inundación ineficiente; pozos ilegales agotan acuíferos; y la minería consume volúmenes enormes, contaminando miles de litros por gramo de oro extraído. El cambio climático acelera la evaporación y reduce precipitaciones, mientras que la desertificación amenaza el 88% del territorio para 2030, según la ONU. En la cuenca de Konya, la sobreexplotación genera cientos de sumideros que devoran cultivos y tierras.

El impacto trasciende fronteras: estos humedales son rutas clave de migración entre África y Eurasia, y su pérdida afecta especies en peligro, seguridad alimentaria, turismo y comunidades enteras. Organizaciones como Doğa Derneği y WWF Turquía alertan que sin acción, la crisis se profundizará, pero destacan que la restauración es factible.

Proyectos en curso ofrecen esperanza: para el lago Mármara, en 2024-2025 se frenó judicialmente su conversión total en tierras agrícolas; el Estado Hydraulic Works (DSİ) completó en enero 2026 la licitación de un gran proyecto para transferir 25 millones de m³ de agua desde Bozdağ mediante regulares, preservando presas existentes mientras se recupera el equilibrio ecológico. Iniciativas incluyen colaboración entre Manisa Valiliği, DSİ y ONGs para rehabilitación hidrológica. En lagos como Seyfe, Akşehir y Burdur, el Ministerio de Agricultura lanzó planes de acción con monitoreo intensivo, prohibición de desarrollos en cuencas vulnerables y mejora de calidad del agua.

Medidas clave recomendadas por expertos para revertir la tendencia:

  • Reevaluar presas para garantizar caudales ecológicos mínimos y ajustes operativos.
  • Agricultura sostenible: transitar a cultivos resistentes a sequía, implementar riego por goteo y cerrar pozos ilegales.
  • Restauración hidrológica: reconectar ríos, eliminar barreras y rehidratar zonas degradadas con soluciones basadas en la naturaleza.
  • Fortalecer protección: expandir sitios Ramsar (solo 14 de 122 humedales protegidos), adherir a compromisos globales como restaurar 350 millones de hectáreas de humedales para 2030.
  • Colaboración multisectorial: datos científicos, participación comunitaria y estrategias a largo plazo alineadas con el Plan Nacional del Agua.

Casos como el lago Urmia en Irán demuestran que con voluntad política y acción inmediata se puede recuperar parte del daño. En Turquía, la ventana se cierra: sin medidas urgentes, el país arriesga no solo su herencia natural, sino la resiliencia hídrica y alimentaria de millones. Esta crisis es una advertencia planetaria, pero también una oportunidad para transformar la gestión del agua y preservar ecosistemas vitales.

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